Nosotros, los contribuyentes

LUIS ALBERTO LACALLE

Casi todos sabemos que el Estado -gobierno central y departamentos- no tiene dinero propio, que lo que gasta, invierte y paga de sueldos proviene de los recursos que a los ciudadanos nos quita mediante los tributos. Esta realidad está en la base del sistema representativo de gobierno, es más, si hay gobierno de esas características en el mundo, es porque hace ocho siglos, los barones ingleses le dijeron al rey -elocuentemente al parecer- que aquello de imponer contribuciones porque sí, se acababa. Que de ahí en adelante sólo serían cobrables los impuestos consentidos, aprobados, por los representantes de quienes debían pagar. Tan simple como ello, tan complicado como lo que resultó el producto final de ese episodio histórico.

Lo cierto es que somos ciudadanos porque somos pagadores de impuestos, sin perjuicio de los derechos del hombre y el ciudadano como más adelante se proclamó, pero mucho después de las revoluciones de 1688 en Inglaterra y la norteamericana en 1776. De ahí a nuestros IVA, IRPF, IASS, IRAE, Imeba y demás, media nada menos que la historia del régimen democrático, el que sufrió, durante el siglo XX una gran transformación.

Como vimos, el inicio de este sistema ubicaba al Poder Ejecutivo -rey o presidente- en el rol del despilfarrador, siempre necesitando más dinero para sus guerras o alianzas o el fasto de la corte, y el Parlamento resguardando a los que pagaban, cuidando los intereses populares. El gran cambio se produjo en los años 30 en los EE.UU., cuando el Presidente Roosevelt desde el gobierno se dedicó a reactivar la economía con importantes infusiones de recursos. A partir de entonces, la mayoría de los parlamentos han sido los líderes en el gasto y a veces, los ejecutivos los que lo cuidan y tratan de disminuirlo. De esas circunstancias nace el "Gran Gobierno" (Big Government) que padecemos en mayor o menor medida.

Nosotros, los contribuyentes, nos "ponemos" todos los días, de cada cien pesos, con 53 de IVA; 14 de IRAE; 11 de IRPF; 11 de Imesi; 5 de Patrimonio; 2 de IASS y 1 de Imeba, aproximadamente. Todo ello justifica el 97% de los pesos que se gastan, invierten y pagan de sueldos.

Dejamos de lado las contribuciones patronales y obreras a la seguridad social que son enormes, con el actual agregado de la contribución al Fonasa, y los tributos municipales. La carga impositiva, como vemos, está repartida en forma despareja, con una base más ancha en el consumo, IVA e Imesi, comparada con el peso que soportan los ingresos IRAE, Imeba, IRPF e IASS. Lo primero que salta a la vista es que muchos pagan dos veces. Al cobrar rentas, sueldos y jubilaciones, y al comprar. Esta injusticia se agrava cada vez que se achica la base contributiva de IRPF e IASS, pero lo cierto es que en la compra de muchos productos se va más de la quinta parte para el Estado y no nos damos cuenta.

En otras latitudes, el verdadero impuesto a la renta, con descuentos de lo que cuesta vivir, educar, pagar alquiler, amortizar la casa, no la trágica burla que entre nosotros llamamos con similar nombre, es la base tributaria. De ahí deriva que cada uno, al hacer la declaración anual del impuesto, advierte dolorosamente, cuanto le cuesta el Estado. Nosotros, al no ver discriminado en cada precio lo que es de IVA y lo que pagamos realmente por el producto, vamos aportando sutil y resignadamente.

No estamos argumentando acerca de la injusticia de este sistema, que es notoria, procuramos ayudar a recobrar el sentido de que es nuestro dinero el que se gasta, peor que bien, en este gobierno. Al igual que el anterior, este comenzó con promesas de estabilidad, de que no se alterarían las reglas de juego, con compromisos de seriedad administrativa. Todo lo contrario de lo que ha ocurrido. Pocas veces en la historia del país se han conjugado el poder político de las mayorías absolutas en el Parlamento con la prosperidad económica, como ésta en esta ocasión. Pocas veces se ha dado el extraño fenómeno de un ministro de Economía como el actual, que el año pasado dijo y repitió que le sobraban -"espacio fiscal"- casi mil millones de dólares… ¡y en año de presupuesto! Hoy se anuncian nuevos impuestos y la rendición de cuentas se encarga de aumentar los gastos. No hay inversiones mayores del Estado, más bien se ha "privatizado" la mayor parte de la obra pública (¡las cosas que hay que ver!) a través de la ley de participación público-privada. Nadie ha explicado claramente cómo se "rellenó" el "espacio fiscal", pero no alcanza, hay que cobrar más.

La contrapartida de todo este sistema es que los que pagan, los contribuyentes, se supone que reciben seguridad, salud, enseñanza, defensa, justicia, obra pública y demás actividades esenciales para la vida social. Esto no es cierto, se cobra por esos servicios, pero los mismos son insatisfactorios. Por lo tanto, se ha vaciado de contenido la esencia del régimen de gobierno representativo y estamos prisioneros de una mayoría parlamentaria, por supuesto que legítima, pero que no mira hacia los resultados, que no tiene en cuenta la calidad del gasto o la inversión. Nosotros, los contribuyentes, somos engañados, estamos para pagar pero no para recibir. Esto no puede seguir así.

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