Nobel de visita

Ruben Loza Aguerrebere

El escritor y Premio Nobel de 2006, Orhan Pamuk, se ha entregado por entero a su oficio de escritor y, en busca de una historia que contar ha definido sus hábitos literarios: "Mi devoción por sentarme a la mesa, como un oficinista, a hacer ficción y construir historias que sean creíbles para la imaginación del lector".

Y todo esto lo sabrán, por él mismo, pues el próximo 14 de diciembre estará en Montevideo.

Orhan Pamuk es un escritor comprometido (a la manera de Camus y Vargas Llosa) por cuanto aborda con frecuencia los antagonismos entre el Este y el Oeste, entre la tradición y la modernidad. Sus libros tienen un fuerte compromiso social.

Quisiera referirme a uno de los libros que mejor lo define: me refiero a sus memorias no convencionales, a un conjunto de textos diversos, donde se permite hablar largamente de su vocación literaria, de sus viajes y aventuras y de su relación con familiares muy cercanos.

Se titula "Otros colores" (Mondadori), donde se aprecia su extraordinaria agudeza al fundir las fronteras de lo vivido, lo soñado y lo real, con lo imaginario. Esta postura lo convierte en un testigo sensible de cuanto se refiere a algo que está en el alma de los hombres.

El libro está escrito con sus recuerdos, momentos y fragmentos, breves pero reveladores. En "Mis libros son mi vida" relee su propia obra y dice, con acierto, que quienes escriben no saben bien para quién lo hacen, y, la mayoría de las veces, lo hacen "para nadie en concreto".

Hablando de su obra confiesa que "La casa del silencio" es el libro suyo que más gusta a los jóvenes. Y comenta: "Quizá me equivoqué, pero creo que fui capaz de hurgar en lo que se siente cuando se es joven". Sobre "El libro negro", advierte que la grandeza de la obra no estaba en la resolución de los problemas literarios y formales sino en la grandeza de estos temas, los que planteaba mientras intentaba abarcar la historia y la anarquía de la ciudad y "la poesía de las calles de mi infancia". De su libro "Me llamo Rojo" destaca que procuró que sus personajes tuvieran la "unidad, la belleza y la pureza de antaño". También tenemos unas páginas sobre "Nieve", novela que ha construido con su ciudad, sus casas, calles y árboles, aunque no se parezca mucho a ella.

Esta visión de sus propias obras nos revela la fuerza de su interés por la literatura. Pero todo ello se amplifica, ahora, gracias al recién aparecido libro "El novelista ingenuo y el sentimental" (Mondadori), donde habla de él y los demás novelistas, los de ayer y de hoy, y cómo trabajan y escriben. Dice allí que el tema de una novela es la vida de los protagonistas y "el modo en que se sienten, ven y se relacionan con su mundo". Observa, en estas páginas que tiene luz de un faro, que las novelas se escriben "con sensaciones humanas, universales y cotidianas". Y sostiene que escribir una novela es transformar en palabras aquel lugar que antes existió en la imaginación como una imagen.

Ingenuo y sentimental, estado ideal, el oficio del escritor es un puente, pues las novelas son "una segunda vida".

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