Más allá de las etiquetas

Viivimos en un mundo en el que, a diferencias de otras épocas, existe una gran diversidad ideológica entre los gobiernos de los distintos países. Estamos lejos de las modas socialdemócratas o de los gobiernos liberales, así como también de los intentos de síntesis de los noventa o comienzos de este siglo. Sin embargo, es posibles seguir algunas pistas que pueden tener alguna utilidad.

Una primera constatación es que los partidos políticos están en crisis. Lo podemos verificar en América Latina, sin ir más lejos, dónde sacando a Paraguay y Uruguay en la gran mayoría de los casos ganan y se derrumbar elección tras elección partidos nuevos con candidatos emergentes. Las encuestas marcan que puede darse una debacle de los partidos Conservador y Laborista británicos en las próximas elecciones y que para las elecciones de mitad de período en Estados Unidos el rechazo tanto a republicanos como a demócratas está inusitadamente elevado.

Una segunda constatación es que el eje izquierda-derecha aporta poco cuando se mete dentro de la misma bolsa a gobiernos sustancialmente distintos. Si hay utilizar forzosamente estas categorías deberían estar dentro de la izquierda Sánchez, Ortega, Díaz Canel, Starmer, Albanese o Lula. De forma similar, una lista de gobernantes de derecha podría incluir a Trump, Kast, Modi, Milei, Orbán, Merz o Meloni. Estas listas incluyen dictadores, gobernantes autoritarios, otros medio pelo y demócratas ejemplares.

Muchos de estos, por fuera de la lista de los dictadores, incluyen gobernantes que hostigan a la justicia y a la prensa, otros que desconocen los resultados electorales que les son desfavorables y otros que respetan estrictamente el Estado de Derecho. Curiosamente, aunque los casos más extremos están en la izquierda, como podría dar fe cualquier cubano o nicaragüense, la presa suele titular de “ultra” solo a los de la derecha, y algunos que ni siquiera lo son. Ver por estos días tratar de ultra a Meloni mientras se titula de presidente al criminal Díaz Canel sólo podría se motivo de burla si no fuera patético.

Más allá de estas clasificaciones, una tercera constatación es que el centro político parece perder espacio, aunque no es posible determinar con claridad si la tendencia favorece a la izquierda o a la derecha. En cualquier caso, también resulta interesante comprobar que la mayoría de los mandatarios tienen bajos niveles de aprobación a lo largo del espectro ideológico y a lo ancho del mundo. La crisis pasa de los partidos a la democracia, como demuestran encuestas recientes que muestran que el líder extranjero más popular en nuestro país es Bukele, e incluso es el segundo más popular entre los votantes de izquierda.

Nuestro país viene de una elección atípica en este contexto, entre dos candidatos que lucharon para ver quién era el que se posicionaba más en el centro. También nuestros partidos están demostrando ser más perdurables que la mayoría en el mundo. Pero no debemos caer en el chauvinismo de creernos diferentes o de que aquí no va a ocurrir lo que sucede en el resto del mundo. Si no somos capaces de enfrentar con soluciones efectivas problemas acuciantes como la inseguridad o las crecientes demandas de bienestar no estamos blindados ante el populismo demagógico que puede asomar por cualquier extremo.

¿Encontraste un error?

Reportar

Temas relacionados

premium

Te puede interesar