Marihuana

Francisco Faig

Paseadores de perros, veraneantes nacionales y extranjeros del Polonio, diseñadores gráficos, ediles, poderosos estancieros, reconocidos periodistas, estudiantes de bellas artes, músicos de reggae, de tango, de jazz y de folclore, cuidacoches, repartidores de supermercados, talleristas de bicicletas, diputados, respetados profesores universitarios, sociólogos, veteranos afincados en La Paloma, politólogos, actores de teatro, trabajadores sociales, químicos, escribanos, arquitectos, dueños de frigoríficos, grandes comerciantes, deportistas, dirigentes, adolescentes liceales, estudiantes brillantes de universidades públicas y privadas, mozos, mucamas, prostitutas refinadas, travestis, empresarios exitosos, viajantes, guardas de ómnibus, recepcionistas de hoteles, taxistas, altos gerentes, amas de casa, enfermos crónicos, publicistas, ex jerarcas de altas funciones ejecutivas en el Estado, literatos, caricaturistas, funcionarios de organismos internacionales uruguayos y extranjeros, abogados, productores de cine, profesores de secundaria, secretarias, ingenieros civiles, porteros, enfermeras, masajistas, católicos, jóvenes delincuentes, canillitas, murguistas, gremialistas, cuarentonas divorciadas, familiares de grandes mansiones de Carrasco, ocupantes de asentamientos irregulares, vendedores de repuestos de automóviles, intermediarios inmobiliarios, constructores, viudos, umbandistas, jóvenes funcionarios públicos, bolicheros de Punta del Este, pizzeros, presos peligrosos, artesanos de Plaza Matriz y de Valizas, destacados compositores, repartidores de fiambres, enriquecidos intermediarios de productos de exportación, quiosqueros de barrio, panaderos, electricistas, plomeros, carniceros, controladores de vuelos de avión, jóvenes sin diploma y sin trabajo, reponedores de supermercado, mecánicos de motos, estrellas de rock, conocidas figuras de la televisión y de la radio, excelentes doctorandos en el exterior, homosexuales del Parque Batlle, bohemios de la ciudad vieja, tamberos, financistas, diplomáticos, economistas, contadores, madres solteras y adolescentes, ateos, dentistas y poetas: todos fuman o fumaron alguna vez marihuana en Uruguay.

Fumar marihuana no impide a la mayoría de ellos cumplir con sus obligaciones sociales y familiares, ni con sus responsabilidades ciudadanas y profesionales.

Consumirla en exceso hace daño, como cualquier droga: todos sabemos, por ejemplo, de la tragedia de los alcohólicos y sus familias.

El proyecto del diputado Lacalle Pou que habilita el cultivo propio de marihuana movilizó a una generación de políticos que terminará por aprobar bienvenidos cambios.

Tiene un mérito enorme: con coraje, permite a los blancos salir de la negación de la realidad que se escuda en reportes técnicos y estudios académicos.

Muestra que los tiempos que hoy vivimos se interpretan desde la más que centenaria tradición blanca apelando a la responsabilidad individual y a la libertad personal.

Hay otros temas de sociedad que precisan de la misma determinación; y en eso parece embarcarse al menos parte del Partido Nacional.

Adelante.

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