Marcha al ocaso

JUAN ORIBE STEMMER

La fotografía en El País del domingo, de los pingüinos recuperados por la ONG uruguaya SOS Fauna Marina de Punta Colorada, zambulléndose en la Playa Mansa de Punta del Este, muestra el aspecto más positivo de la acción del ser humano: su preocupación por proteger el medio ambiente.

Sin embargo, existe otro aspecto menos positivo. Hace unos días, la Sexta Conferencia Internacional sobre aquellas aves, reunida en Tasmania, comprobó que los pingüinos se encuentran en peligro de extinción. Existen en nuestro planeta 17 especies de pingüinos, todas localizadas en el Hemisferio Sur. Doce de ellas figuran en la Lista Roja de especies en peligro, elaborada por la Organización Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

Las especies amenazadas incluyen al formidable pingüino emperador. Algo difícil de creer para quien haya visto la película "La marcha de los pingüinos" del director Luc Jacquet. Sin embargo, el enemigo de ésta y las demás especies de pingüinos en riesgo no son los elementos, ni el frío antártico, los predadores o las profundidades del océano.

El adversario es lisa y llanamente el ser humano.

La lista de amenazas incluye la pérdida de hábitat, como resultado de la ocupación de la franja costera por el ser humano, la pesca en gran escala, los derrames accidentales y los vertimientos deliberados de petróleo al mar, los ataques de otras especies introducidas por el ser humano y, por encima de todo, el cambio climático.

El efecto de la acción humana puede ser directo, por ejemplo cuando se calan redes de enmalle o palangres en una zona próxima a donde habitan pingüinos o en sus rutas de migración; o indirecto: la pesca de especies que sirven de base para la alimentación de aquellas especies, incluyendo la sobreexplotación del krill, el forraje de los mares antárticos, o diferentes especies de peces.

La manera como los pingüinos se han adaptado a su entorno, tan hostil, puede causar su perdición.

Un cambio ambiental, como el causado por el cambio climático, destruirá su delicado equilibrio con lo que los rodea. Al mismo tiempo, esa estrecha sintonía con su ambiente los transforma en valiosos indicadores de la evolución de los ecosistemas que nos advierten sobre el impacto del cambio del clima global y otros procesos dañosos para el ambiente, en una escala regional o local.

Y la advertencia es muy clara. Por ejemplo, la población de la colonia de pingüinos emperador en el área especialmente protegida de Pointe Geologie, que fuera el tema de la película, ha disminuido de manera sensible en los últimos años, se piensa que principalmente debido a los efectos del cambio climático.

El nombre pingüino deriva del gaélico penwin que significa "cabeza blanca" y se refería al alca imperial o gigante que habitaba las costas del océano Atlántico en el Hemisferio Norte en un amplio arco desde Florida hasta Islandia, el Báltico y Marruecos. Más tarde los exploradores y marinos aplicaron aquel nombre a otras aves que no podían volar en el Hemisferio austral. Las grandes colonias del alca imperial fueron devastadas por el ser humano. Primero para comida, para conseguir carnada o extraer aceite. Finalmente vinieron los coleccionistas, ansiosos de conseguir pieles o huevos de la especie en vías de extinción. El último casal fue capturado en Islandia, en 1844. Y después se acabaron.

¿Será que ahora los pingüinos australes han emprendido su marcha al ocaso?

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