Controlar la agenda política es la ambición de todo político, sea oficialista, opositor o un líder emergente.
Es una manera de lograr que el quehacer de un país gire en torno a los temas que ese gobierno o esa oposición imponen y que ello reditúe en la siguiente elección.
En este momento, es clara la estrategia del Frente Amplio para hacer valer su agenda. Busca que todo gire en torno a lo que dice y cuestiona.
Está logrando su objetivo, pero solo a medias. Sí, sin duda, todo lo que se habla en este país se refiere a temas con los que se descuelga el Frente cada día. Las reacciones airadas de sus adversarios, los noticieros y los titulares de los medios muestran que el impacto se logra. Sin embargo, no se lo consigue del todo. Los cuestionamientos del Frente no tienen relación con la realidad y suele inventar su propio relato. Eso se nota. El catalogo de disparates crece día a día. El último fue el del senador Enrique Rubio durante la interpelación al ministro del Interior, Alberto Heber. Refiriéndose a la situación de seguridad dijo sin pudor alguno que antes, “éramos una isla de paz”. ¿Isla de paz? ¿Durante la gestión de Bonomi?
Por eso mismo, en la medida que siga tan desprendida de la realidad y la verdad, su esfuerzo por imponer una agenda solo llegará hasta un lugar y no mucho más.
Por otra parte, tanto desde el gobierno como desde los dirigentes de los partidos de la coalición y sus diputados y senadores, se está cediendo terreno, se está errando en la estrategia. Esto es llamativo, porque durante los dos años que rigió la emergencia sanitaria, fue el gobierno quien manejó con habilidad la agenda y el Frente, pese a todos sus esfuerzos, estuvo siempre corriendo de atrás y dejando en evidencia que de haberse cumplido sus propuestas las cosas hubieran sido peor.
Responder con enojo a cada provocación del adversario, no es marcar la agenda sino dejarla en manos justamente, de quien no debería marcarla.
Es verdad que cuando la agenda se basa en un relato esquemático y por lo general inventado, no responder equivale a reconocer que lo que el otro dice es verdad, aunque no lo sea.
Existe pues el deber de enderezar un registro cuando hay quienes deliberadamente buscan torcerlo. Pero hay diferentes maneras de hacerlo y las reacciones de mal talante no son la mejor vía.
Por otra parte un gobierno marca agenda mostrando lo que decide y hace e incluso reconociendo los problemas que aún debe sortear.
La inseguridad es uno de esos problemas. Es cierto que un tipo de delincuencia y criminalidad está bajando, pero hay otro que crece. Este gobierno, al diferenciarse del anterior, no puede de modo alguno disminuir la importancia de lo que sí está pasando. Eso hizo el gobierno frentista, subestimando lo que llamaba “ajustes de cuenta”. Fue así que dejó crecer sin control un sórdido mundo del narcotráfico que se vuelve cada vez más difícil enfrentar.
La educación es el otro gran tema de este gobierno. Hay planes, se han dado pasos, pero todo ocurre con bajo perfil. A quien le interesa el tema debe trabajosamente buscar en las redes y revisar notas periodísticas y declaraciones para comprobar que efectivamente se están avanzando al respecto. Pero el grueso de la población no lo percibe. No siente que es una prioridad real de la agenda y por lo tanto se está regalando terreno que se tiene, para que otros lo usen.
Gobernar con una coalición de cinco partidos no es fácil. Aún así la Coalición presenta más problemas de los necesarios. Cada vez que surge una iniciativa que podría dominar la escena y generar adhesión, aparecen los “si, pero…” de los distintos socios. No es que están del todo en desacuerdo, pero algún reparo tienen. Cabildo Abierto y el sector Ciudadanos del Partido Colorado se han vuelto expertos en el manejo del “si, pero…”.
Ese reflejo no hace más que matar la mística y convertir lo que podrían ser iniciativas capaces de generar entusiasmo popular en ideas opacas, que quizás se pongan en marcha o quizás no, y si lo hacen será en forma deslucida.
Si el FA no logró imponer su agenda, es porque ella está cargada de injustificada agresividad y de datos falsos que por el momento fastidian a la gente. Pero tienen la voz cantante. Una mala voz, pero voz al fin. Y logran un objetivo que desde el punto de vista del oficialismo, no debería estar pasando. Consigue que éste se irrite, pierda los estribos y responda de forma destemplada.
Como dice el dicho, en estos asuntos el que se enoja pierde. Si el gobierno quiere recuperar su espacio y controlar la agenda, debe seguir aplicando las políticas que están en marcha, no está ahí el problema, pero también debe coordinar una sabia estrategia, no tanto en la cúpula del Ejecutivo sino más que nada en las dirigencias partidarias y reorientar esa compulsión a declarar mal de muchos diputados y senadores.
Todo gobierno pretende lograr su reelección. Si eso es lo que quiere este gobierno de coalición, entonces debe sortear esos escollos y mostrar que es quien genuinamente maneja la agenda.