Malraux: 35 años

RUBEN LOZA AGUERREBERE

Ayer se cumplieron 35 años de la muerte de André Malraux.

Nacido en 1901, su historia se pierde en mitologías: fue guerrero, arqueólogo, erudito del arte, ministro de Cultura del General de Gaulle y, por cierto, uno de los mayores escritores del siglo XX.

Malraux encarnó el mito romántico para la acción y la literatura por su frenesí de vivir y su apasionada necesidad de entrega.

Como un caballero andante se batió con intensidad en todas las aventuras que consideró justas: apasionado polemista en Indochina, fue comandante de una escuadrilla en la Guerra Civil española, jefe militar en la Resistencia francesa en la Segunda Guerra Mundial, y, luego, lugarteniente del General de Gaulle, de quien llegaría a ser Ministro de Cultura.

Y con honda fidelidad, siguió al exilio al General de Gaulle. Paralelamente, André Malraux escribió algunos libros memorables, como la novela "La condición humana", y el tratado de la historia y filosofía del arte llamado "Las voces del silencio", entre otros. Respecto de su éxito literario, Hervé Bazin destacaba: "Malraux fue, como Proust, uno de los más grandes laureados, uno de los que nos dio mayor honor. Los considero a ambos los más grandes novelistas del siglo. Para mí Malraux es el escritor cuya dimensión de pensamiento llevó a la novela a su más alto nivel".

Más tarde llegaron sus libros sobre arte, del que era profundo conocedor y, posteriormente, sus "Antimemorias" y la serie testimonial que le siguió en la que se destacan, luminosos, sus diálogos con el General de Gaulle, en "La hoguera de encinas".

Aquel soldado y escritor inglés que fue el Coronel Lawrence de Arabia (al que Malraux conoció y sobre el cual escribió un caudaloso libro) alertaba sobre los hombres que sueñan despiertos y tienen la capacidad de organizarlos.

Malraux era un hombre de esas dimensiones. Y él mismo lo escribió: "Los grandes sueños impulsan a los hombres a las grandes acciones y las mitomanías épicas. Así don Quijote se propone superar a Rolando, y lo consigue…".

Cuando yo era muy joven envié mi primer libro a André Malraux; para mi una sorpresa, su respuesta fue una carta y un ejemplar autografiado de su libro de memorias "Le corde et les souris". Cuando su ataúd fue trasladado, años después, al Panteón en París, visité su tumba; allí me obsequiaron una de las piedras pequeñas, negras, sobre las cuales había sido depositado el ataúd.

Quiero terminar comentando su visita a Montevideo. Ella me ha sido referida por el Dr. Enrique Beltrán (Director Consultor de "El País"), quien ha debido, a pedido mío, contármela muchas veces. Malraux llegó cuando el Dr. Enrique Beltrán era Viceministro de Instrucción Pública y Previsión Social, y le correspondió recibirlo junto al Ministro. Me deslumbra su descripción de Malraux: "Me impresionaron sus ojos… Y aquel viento que lo impulsaba; daba la sensación de que no le alcanzaba el tiempo para ver y para hacer todo lo que tenía por delante. Era una fuerza en movimiento". Esta descripción lo revela de cuerpo entero.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar