Los niños sean primero

Estamos viviendo un profundo cambio civilizatorio de la sociedad posindustrial a la digital. El mundo del trabajo se transforma a velocidad astronómica y va dejando atrás a quienes no logran calificar para los nuevos empleos. Si desde siempre ha sido fundamental el desarrollo educativo desde la primera infancia, ahora se ha hecho ya existencial.

En un país de baja demografía, en que nacían 49 mil niños hace solo ocho años y el pasado apenas 32 mil, el desafío se hace aún mayor, porque nuestra sociedad no puede permitir rezagos sociales y, como consecuencia, culturales, que no lo habiliten para este mundo de extrema competencia tecnológica. Visiones presuntamente progresistas responsabilizan a un presunto modelo “neoliberal” este proceso que no se detendrá y alcanza a toda la sociedad contemporánea. Es más: el auge de Asia frente a Occidente está hoy vinculado, justamente, a la velocidad con que se han asimilado esos cambios.

En este contexto, la protección de la primera infancia se hace más desafiante que nunca. Los rezagos propios de la pobreza, deben recuperarse con la presencia de un Estado cada día más activo, que en nuestro país felizmente se desarrolla sobre una larga tradición que se remonta a instituciones tan fundamentales como la escuela pública universal o prestaciones sociales como las asignaciones familiares que, desde el gobierno de Amézaga de 1943, apoyaron el proceso educativo.

El hecho es que si la pobreza en Uruguay ha bajado a 9,9%, recuperando el bajón de la pandemia, la situación infantil sigue siendo preocupante, pues abarca todavía a un 17% de esos niños menores de seis años. En el último semestre del año pasado, se comienza a registrar una mejoría, pues se redujo de 21% en el 2021 al 16,5% en los menores de seis y del 20,3% al 17,3% en 2022. Sin lanzar las campanas a vuelo, podríamos decir que comienzan a producir algún efecto las múltiples medidas de protección que lleva adelante el país.

Partamos de la base de que siempre hay más niños en los hogares más pobres, donde la fertilidad femenina es el doble que en los hogares con las necesidades básicas satisfechas. Añadamos que esos niveles de pobreza son mayores donde la jefatura familiar es femenina, triste consecuencia del abandono paterno.

Sin duda una de las medidas de mayor impacto ha sido la creación de los Centros CAIF para atender los niños de hasta tres años. Se crearon hace 35 años, en nuestra primera presidencia, por iniciativa del gran Ministro de la época Hugo Fernández Faingold. Abrimos entonces 39 centros, el primero en Salto. En el gobierno del Dr. Lacalle se abrieron 81, nosotros llegamos a 200 en nuestra segunda presidencia con 80 más y a 314 en el gobierno del Dr. Batlle. Hoy son 474 y en este período se han añadido otros 30, con un apoyo fundamental de 50 millones de dólares, que se dio, por reclamo insistente del Partido Colorado, en la anterior Rendición de Cuentas. Eso permitió otros dispositivos de atención, como las Casas Comunitarias y los Centros Siempre, con lo que se llega a 99 mil niños atendidos.

Añadamos que en aquellos lugares donde no hay un CAIF cercano, las Becas de Inclusión Social pagan un jardín privado. Hoy son 1.600 los beneficiarios y siguen creciendo. Añadamos que los jardines de infantes de la ANEP han pasado de 194 en 2019 a 230.

Obviamente, el sistema educativo sigue siendo fundamental en la atención de la infancia. El sistema escolar, de larga tradición nacional, comprende a 250 mil alumnos y le ofrece el comedor escolar a 199 mil de ellos. En la educación inicial hay 80 mil alumnos de entre 3 y 5 años, primer escalón -junto a los CAIF- de la batalla contra la pobreza. 256 escuelas de tiempo completo, creadas en nuestra otrora tan discutida reforma de 1995, han mostrado, a esta altura de modo incuestionable, que aquel era el camino y que hoy solo cabe seguirlo extendiendo.

Las viejas asignaciones familiares se han reforzado con el Plan de Equidad y llegan a un universo de 400 mil menores. Son el 43% de los menores de edad del país. Para tener una idea, el esfuerzo financiero adicional fue de 264 millones de dólares, al que se le añadieron 140 más durante la pandemia.

El “Bono Crianza” es un nueva transferencia, focalizada en hogares con vulnerabilidad extrema, donde viven mujeres embarazadas y niños de 0-3 años. Alcanza a 30 mil personas. Son unos dos mil pesos que se agregan directamente en la Tarjetas Uruguay Social.

A este respecto nos parece hoy la prioridad mayor desarrollar el Programa de Acompañamiento Familiar, que está atendiendo a miles de mujeres embarazadas y niños menores de cuatro años con riesgo sanitario. Este programa hoy es crucial expandirlo, porque si tenemos, encima de los paros constantes de la educación, un ausentismo enorme, la precariedad en la formación será tremenda. Felizmente el Mides y el BPS controlan la asistencia escolar al efecto del pago de la asignación familiar y logran recuperar a muchos, pero no es suficiente. El 25% de los niños falta más de 35 días y ello ocurre en los sectores socioeconómicos más precarios. El acompañamiento es el único camino para lograr mejorías sustantivas.

Este inventario no exhaustivo de la acción del Estado sin duda muestra el esfuerzo de un Estado solidario, presente frente al fenómeno de la pobreza infantil. Desmiente ese machacón sonsonete de quienes siguen hablado de la presunta influencia de un neoliberalismo capitalista, cuando la pobreza en la infancia no queda congelada y por eso en la vejez, el guarismo -felizmente- es mucho menor. Que no es suficiente, no hay duda, quizás nunca llegue a serlo, pero está claro que nunca se hizo más por el tema. Lo que a este viejo batllista, si no le satisface, le tranquiliza.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar