Parecería que es momento de bajar la pelota al piso y de separar la paja del trigo: mucho ruido por tan pocas nueces.
No es que uno se asuste por “bultos que se menean”, pero cuando son demasiados es oportuno recapacitar, sin dejar de hacer todos los esfuerzos para poner las cosas en su lugar; pero en su lugar. No es bueno jugar con fuego, uno después se hace “pichí” en la cama decía una tía mía.
Allá por principios del año 1973 el “caso de los Ediles”, de los gastos de la Junta Departamental en el Restaurante El Águila, más algunas otras cositas, legales o no, por bajo cuerda o no, “gentilezas”, incluso con periodistas, desbordó las primeras planas y los informativos centrales. La gente volcó la cabeza para ese lado, la atrajo ese ruido mucho más que otros. Otros que eran más peligrosos y elocuentes pero que no le sirvieron como advertencia sobre lo por venir: caso del apresamiento del Dr. Jorge Batlle, de los alertas del Dr. Augusto Legnani (ministro de Defensa Nacional), sobre planes de gente a la que sus conciudadanos le confiaron las armas azuzada por otra gente que usó la armas sin que nadie les haya encargado ni confiado nada y de las denuncias en el Parlamento. Demasiado como para que algunos con responsabilidades se lo tomaran para la chacota u otros no se dieron cuenta o no lo tuvieron claro, o ni se lo aclararon aquellos que tenían la misión de hacerlo y que para lo cual fueron elegidos.
Serán cosas de viejo, razón por la cual ni tendría por qué preocuparme tanto, pero quizás deba ser por ese otro ruidaje que a veces genera la “tropilla de los recuerdos”.
Pienso que lo del auto del Presidente Orsi (lo del descuento) no es chica cosa, pero seguramente, si es que es tan grave, él lo irá a pagar con más mala imagen en la próxima encuesta. Cosa que tampoco se puede dar por hecho: la gente a veces dispara para cualquier lado; aunque el tema sea legal o no, lo que en definitiva no tendría que importar tanto porque lo de “la ética” es algo personal, subjetivo, que se ajusta a las buenas costumbres y valores propios y para la cual no valen las escalas fijadas por normas objetivas. Por otra parte, no deben olvidarse, para ese caso, Convenciones internacionales con valor de ley, que son muy precisas al respecto. No está bien recurrir a ellas cuando conviene y menos aún cuando ha sido no solo para invalidar leyes y normas sino también para pisotear la voluntad soberana.
Pienso que más serio que eso del automóvil es el tema de la Fiscalía de Corte. En su momento trascendió que al presidente, entonces de imagen positiva, no le parecía mal la figura de la Dra. Mónica Ferrero para la titularidad formal de la Fiscalía. Lo que incluso él se lo habría manifestado personalmente a ella, según se supo. Por eso es que ahora no suena como un buen mensaje lo que aparentemente el presidente quiso decir en su discurso de Las Piedras y que sus “traductores” dijeron que se refería “específicamente” a la Fiscal (mala forma de comunicación). ¿Qué quiere el Gobierno del FA en la Fiscalía: otra JUTEP? Sería bueno para encaminar las cosas, que el poder político resolviera ya que Ferrero sea designada y de paso, si no es mucho pedir, buscara tres “Notables” para la Junta. Sin vencidos ni vencedores. Le haría bien a los Partidos, a los políticos, a la imagen y autoridad del Presidente y a la institucionalidad toda. Incluso atraería inversores.