Lo que dejan las PISA

Los resultados de las pruebas PISA de este año, dejaron una sensación extraña. Uruguay no mejoró, tampoco empeoró, pero si se comparan las mediciones con las de otros países (incluso algunos de mayor desarrollo), en realidad no se sale tan mal. Los datos de matemáticas serían los que generen más alarma.

Según los expertos, en el 60 por ciento de los países medidos (fueron 81) hubo un marcado descenso en su performance en matemáticas y Uruguay está entre ellos. Bajó en matemáticas, mejoró en Ciencias, se mantuvo estable en Lectura.

La explicación de este mal resultado en casi todo el mundo está directamente vinculada a la pandemia. Hubo países en que los cierres de cursos duraron casi dos años, basta recordar lo sucedido en Argentina. En Uruguay el cierre fue deliberadamente más breve (por fortuna), hubo cursos a distancia, clases en las que una mitad estaba en un salón con el profesor y el resto en otro salón siguiendo por zoom. Se cuidaba el “aforo”, una palabra casi olvidada hoy. Se redujo el cierre total pero no era la normalidad plena.

Las medidas tomadas en Uruguay, ni remotamente cerca de lo férreas que fueron en otros países, atenuaron el impacto. Pero era imposible evitar que lo hubiera. Entonces, que las mediciones se hayan mantenido estables en un mundo donde todo decayó, no es una mala señal. Pero el problema sigue estando ahí.

Lo llamativo es el descenso en Matemáticas. Confieso que de haber tenido 15 años y según mis recuerdos de la época liceal, mi prueba PISA no hubiera contribuido a mejorar el nivel. Ni siquiera en una milésima de milímetro. Lo cual significa que este tema de las matemáticas seguramente tiene una historia más larga que las pruebas PISA.

La pandemia no solo desarmó la normalidad de los cursos en todo el mundo. En Uruguay además atrasó la puesta en marcha de dos proyectos que traía el nuevo gobierno, porque hubo que atender lo urgente y posponer lo importante. Una de esas propuestas es la transformación educativa que recién empezó a andar este año, por lo tanto no son estas pruebas PISA las que mostrarán sus resultados. La otra propuesta es la de los llamados “centros María Espínola”, institutos secundarios con un programa especial y contratación de profesores según mejores pautas, que se están poniendo en marcha en diferentes partes del país, en zonas socialmente vulnerables. Es un gran proyecto pero de aplicación lenta. Requiere inversión y se podría decir que exige una transformación radical en la cabeza de quienes dirigen, administran y dan clases en estos lugares.

Muchas veces he insistido que el problema no está solo en Secundaria. A los liceos llegan chicos que tienen enormes baches en su formación escolar: en sumar y restar, leer y escribir. Y a eso se debe prestar más atención.

No solo los centros Espínola y la transformación educativa lograrían cambiar los resultados de PISA en el mediano plazo. También debe haber un cambio grande en la formación de docentes y en el compromiso que estos estén dispuestos a asumir. Mientras para el país el modelo de profesores sea el que ofrece Fenapes, no hay esperanzas. Si la gente se horroriza de pensar que gente como esos dirigentes sindicales pueden llegar a ser profesores de sus hijos, tienen derecho a horrorizarse y razón en enojarse.

Al ser consultado sobre la baja en los niveles PISA de matemáticas, el experto Juan Pedro Mir dijo que el problema no era que había un código genético uruguayo defectuoso para ese tema: “hay un problema de enseñanza que arranca en el jardín de infantes”. Asegura que no es una cuestión social, o económica sino didáctica y advierte que hay un “cortocircuito” entre la didáctica que propone la transformación y la que se imparte en la formación docente. Esto es obvio. Si hace años los estudios PISA están dando los mismos bajos resultados, es porque hay un problema en los planes de enseñanza (por eso se hizo esta transformación), pero también lo hay en el modo de enseñar y eso tiene que ver con como se forman maestras y profesores. Ellos tienen sus baches (sobre esto escribí una columna hace un par de meses) y les corresponde una cuota parte de responsabilidad por estos niveles.

Otro problema que se arrastra de años anteriores, es la política perniciosa llevada por las anteriores autoridades educativas, que con tal de “incluir” dejaban que los chicos pasaran de año más allá de si sus grados lo admitían. Algunos lo llamaron el “pase social” y fue una aberración porque los “beneficiados” con este sistema eran los niños y adolescentes de barrios carenciados que más necesitaban la mejor educación. La tesis de “incluir” terminó profundizando la “exclusión”.

Esto sucedió hasta hace muy poco, por lo tanto tomará años antes que la transformación educativa, de tan reciente inicio, una formación distinta de los docentes, y lo que ocurra con los centros Espínola, muestren una acentuada mejora en las pruebas PISA. No será hasta dentro de cinco años al menos.

Mientras tanto, habrá que seguir insistiendo.

¿Encontraste un error?

Reportar

Temas relacionados

premium

Te puede interesar