Llave para el cambio

El recuerdo el pasado domingo 22 de julio, de los 150 años del nacimiento de una figura política caracterizada de la República -el Dr. Luis Alberto de Herrera- ha motivado evocaciones múltiples. Una de destaque es el libro “Herrera, 150 años de Historia”, que está a disposición del público, escrito por un periodista de raza -Atilio Garrido- que trae al presente acontecimientos que llegan desde los orígenes a la actualidad.

Tiene la atracción de una revista porque en él se registran fotos y documentos en muchos casos olvidados o inéditos, que dan agilidad e interés al relato. Al considerar el pasado -además- se alude a personalidades de la república ajenas al Partido Nacional -Don “Pepe” Batlle, Luis Batlle Berres, Benito Nardone entre otros- tratados con el respeto y la seriedad que merecen. Es un trabajo que sin duda -servirá de estribo- para las nuevas generaciones de compatriotas que hacen su primeras armas o que las harán en el futuro en la vida cívica.

La larga jornada vital de Herrera -iniciada en su primera juventud y cerrada físicamente con su muerte a los 85 años- le hizo protagonista de acontecimientos de la más variada índole, ante los cuales nunca escatimó una opinión, ni ahorró una respuesta. Hace años un trabajo muy inteligente y esforzado, supo recoger con sentido de síntesis el pensamiento de Herrera. Se alude a “La política internacional en el pensamiento de Luis Alberto de Herrera”, de Carlos María Velázquez (ed. Wilding and Son Limited, 1968). En el que se afirma que Herrera más allá de lo caudillesco sustentaba su pensamiento en “una metafísica” a la que supo vertebrar en “un sistema de pensamiento riguroso”. Es un lujo del Uruguay que personas vinculadas a las familias que se fueron asentando en nuestro suelo al principio de los tiempos, derivasen sus inquietudes a las cuestiones de estado. Batlle y Ordóñez y Herrera son expresión del aserto. Sumaron a los estudios disponibles en el Plata, largos momentos de enriquecimiento viviendo períodos importantes de tiempo en el extranjero.

Herrera creía que los países se construyen con el hacer de las generaciones y promovía el culto de la Patria. La tierra de nuestros antepasados y de nuestras generaciones futuras, lo que le hace una obra en construcción permanente. Descreía de las construcciones ideológicas envueltas para regalo que resuelven desde el origen del mosquito hasta el sexo de los ángeles. Partícipe de la consolidación institucional de la República, la democracia, el respeto de los derechos humanos, la economía libre, rechazaba los dogmas. Dentro de los fundamentos citados entendía es donde se pueden buscar proyectos y soluciones concretas y posibles a cada problema.

Participaba del pensamiento del realismo político y ante cada desafío buscaba descifrar en dónde se hallaba el interés nacional. Lejos de los cantos de sirena de los internacionalismos igualitarios, tan caros a “intelectuales” diletantes y los apóstoles de lo “políticamente correcto”. Frente al falso dilema contemporáneo de “derechas e izquierdas”, dentro del que propuestas depreda- doras del bienestar común abundan bajo la careta del “progresismo” o el conservadurismo exacerbado, vale por todo ello ubicar al Partido Nacional, a Herrera y el herrerismo dentro de la categoría de liberalismo nacional. Llamado a la continuidad y la renovación política.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar