¿Libre comercio en retroceso?

Si miramos las noticias desde inicios de 2025, la respuesta al título parece obvia. Trump sube aranceles a medio mundo, las potencias se acusan de competencia desleal, y discusiones que creíamos saldadas hace décadas vuelven a la mesa con argumentos mercantilistas que parecen sacados de un manual del siglo XVII. El clima de época es de repliegue. En la región, la figura que más explícitamente lo verbalizó fue Alberto Fernández, que decía: “el libre comercio pasó de moda, ahora lo que hay que hacer es protegerse”. Pero muchos más se sumaron a esto y, con variantes, ensayaron ideas del tipo “la globalización está en retirada”. Marcelo Abdala y el PIT-CNT han sido la versión local de este tipo de argumentos, usándolos para criticar los potenciales acuerdos comerciales de Uruguay y el Mercosur.

El problema acá es confundir el ruido con macrotendencias que se mueven mucho más allá de lo que digan los políticos. Porque cuando uno deja la retórica de lado y mira cómo se produce realmente en el mundo, la película es la opuesta a la foto. La interdependencia dejó de ser una preferencia ideológica para volverse la arquitectura misma de la economía. Ya casi ningún producto se fabrica enteramente en un solo lugar, y el mejor ejemplo es el más estratégico de todos: los chips. Hoy ningún país participa en todos los pasos de la cadena de valor de los semiconductores ni puede fabricar todos los tipos que sus industrias necesitan. En la producción de un solo chip se usan cientos de químicos y materiales distintos que vienen de distintas partes del mundo.

Desconectarse no es posible, y hacerse menos dependiente significa volverse más caro e ineficiente. La OCDE modeló qué pasaría si el mundo realmente se relocalizara en serio, tal como parece que le gustaría a Donald Trump. Según estas estimaciones, el comercio global caería 18% y el producto, más de 5%.

El caso de las tierras raras es quizás el ejemplo más claro de lo inútil de esta retórica. La imposición de aranceles a China derivó en una restricción a la exportación de minerales críticos que Estados Unidos necesita como al agua. ¿Cómo termina? Con Trump viajando a Pekín y acordando. Ambos actores tienen instrumentos a mano para perjudicar mucho a su adversario; la buena noticia es que esta interdependencia tan profunda los obliga a sentarse a la mesa, no a cortar el cable.

El brutal avance de las empresas de IA generativa de los últimos meses solo aumenta esta interdependencia. A diferencia de la carrera industrial, esta la va ganando Estados Unidos por mucho: todos usamos la tecnología desarrollada allá. Pero para seguir avanzando, todos los que quieren correr esa carrera necesitan cosas que se producen en pocos lados: chips, minerales, capacidad de cómputo.

Nadie tiene todo eso. Diga lo que diga la retórica arancelaria, la interdependencia se agudiza.

Entonces, ¿el libre comercio en retroceso? No. Lo que pasó de moda es la retórica librecambista, no el libre comercio. Hoy, por ahora, pocos salen a defender la apertura con entusiasmo en un acto político, pero todos siguen dependiendo de ella todos los días. Mucho cuidado con escuchar solo el ruido que hacen los políticos y no ver lo que realmente está pasando, a pesar de lo que estos digan.

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