Libertad o suerte

Hace pocos días se cumplió un nuevo aniversario del desembarco de los 33 orientales. Aquel 19 de abril de 1825 que significó un hito en la historia de nuestro país, marcando el inicio de una cruzada libertadora.

Aquel grupo de bravos orientales (aunque acompañados de otros que no lo eran, pero sentían profundamente la causa) fueron liderados por Juan Antonio Lavalleja y Manuel Oribe y al desembarcar en la Playa de la Agraciada hicieron un juramento. Un juramento solemne de liberar la Patria o morir por ella, frente a una bandera que rezaba “Libertad o Muerte”.

Hoy, 201 años después, la consigna es otra. Alejados de los tiempos donde se entregaba la vida, hoy la dicotomía no parece estar entre la libertad o la muerte sino entre el ejercicio de la libertad en todas sus facetas o dejar librado todo a factores externos, coyunturas internas y coincidencias. Hoy bien podría ser “Libertad o suerte”.

La suerte no es neutral, no es inocua. La mala expone debilidades y evidencia fortalezas. La buena si el equipo es inteligente potencia y si no lo es, despilfarra. La buena, que determina precio de las commodities es un factor que puede evidenciar la capacidad o incapacidad de los gobiernos. Qué es lo que se hace o cómo se aprovecha ese viento de cola es clave para el desarrollo. Lo mismo con las tasas de interés bajas que permiten un financiamiento barato o el crecimiento de socios comerciales que signifique más demanda externa. O la mala, que viene en forma de pandemia, guerra, crisis financiera o sequía Los factores externos no pueden determinar el destino de una Nación.

Pero pongámosle nombre a las cosas. En épocas de un buen contexto económico de los precios internacionales en gobiernos del Frente Amplio el gasto público creció exponencialmente, sin generar un colchón fiscal para cuando el ciclo cambiara. Lo bueno no dura para siempre y la economía se desaceleró, por lo que el déficit fiscal pesó cada vez más. Volvieron cada vez más rígido el mercado laboral con cada vez más peso de los sindicatos, llevaron al sistema educativo a estancarse, crecieron los problemas de competitividad por el aumento de los costos de producción.

Ni que hablar de las empresas públicas que destrozaron en sus finanzas y su imagen como Ancap, Pluna o Gas Sayago. O de la seguridad pública, que a pesar de factores económicos favorables crecieron todos los indicadores de delito, dando por tierra todas las teorías progres que atan el delito a la pobreza. Es decir, no solo no hicieron reformas estructurales sino que lo que funcionaba lo hicieron retroceder.

Todo esto inundado de Dunning Kruger, ese sesgo cognitivo donde las personas con escasa habilidad o conocimiento sobreestiman su propia competencia, mientras que los expertos tienden a subestimar la suya. Creían saber más de lo que sabían y la incompetencia no solo les hizo cometer errores sino que les quitó la capacidad de reconocerlos. Una vez más vuelve a ser gráfica esa frase a la que recurrimos siempre de que “para un barco sin rumbo cualquier viento es el correcto”.

Por eso la libertad es el camino, para no depender de la suerte.

La libertad económica que brinda seguridad jurídica, derechos de propiedad claros, baja o nula discrecionalidad del Estado (cualquier similitud con lo que está pasando con las Afaps no es pura coincidencia). Generar facilidad para innovar, invertir y emprender, porque sin factores de riesgo externo la gente se anima y va para adelante y allí viene la productividad, la innovación y el empleo.

La libertad política que limita el poder, la separación de poderes (lo del Ministerio de justicia tampoco es pura coincidencia), alternancia real en el poder, instituciones que realmente controlen al gobierno (si, todos pensamos en la JUTEP y su pérdida de credibilidad al leer esto).

Un país con reglas claras y previsibles genera desarrollo, baja el riesgo país, atrae inversión a largo plazo y permite planificar. Los gobiernos refundacionales que destruyen lo que se hizo antes no dañan al gobierno anterior, dañan al país. Y si, acá también me vienen a la mente Arazatí o Cardama. Perdón, pero es que son de manual.

La libertad social, que genera movilidad y capital humano. Esa libertad que genera educación de calidad y que brinda herramientas para ser libres, igualdad de oportunidades, capacidad de progresar sin trabas estructurales.

Desde ahí se genera la necesaria cohesión social, esa que se rompió en el Uruguay de hoy.

Porque una sociedad donde solo algunos puedan aprovechar la libertad se vuelve insostenible e injusta. Eso no puede quedar librado a la suerte, que es uno de los mayores condicionantes de la libertad como desarrolla John Rawls en su teoría de la justicia, porque la libertad debe ser efectiva, no meramente formal. Cuidado con los que hablan de libertad desde construcciones en el aire sin embarrarla de realidad, esa que a veces debe ser corregida por los efectos arbitrarios de la suerte. Porque vale la pena preguntarse como Rawls si es que la suerte no es moralmente arbitraria.

La libertad siempre es el camino, especialmente en tiempos donde la Inteligencia Artificial ha redimensionado conceptos al redefinir las condiciones de autonomía, privacidad y capacidades de decisión. Podemos creer que elegimos cuando meramente optamos por distintos escenarios predeterminados por algoritmos u otras construcciones artificiales.

La vigilancia constante y el control social, la manipulación psicológica y de comportamiento, los sesgos y discriminación algorítmica, la pérdida de autonomía o los autoritarismos tecnológicos son parte de la nueva agenda del debate por la libertad, porque los nuevos fenómenos de inteligencia artificial si no son auditables, transparentes y con control ciudadano no suman libertades sino que las coartan.

La cuestión es entre libertad o suerte. Una depende de nosotros, la otra no. Una genera capacidades internas, otra es externa.

Pero trabajemos por una libertad real, donde como escribió en 1971 Rawls en su libro Teoría de la Justicia “el valor de la libertad para las personas y los grupos depende de su capacidad para promover sus fines dentro del marco que el sistema define”.

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