“Antipapas” fueron los líderes católicos que, como Hipólito en el siglo III, confrontaron con quien ocupaba el trono de Pedro. En los siglos XIV y XV,durante el Gran Cisma de Occidente, hubo antipapas en Pisa y Avignon. Pero más allá de lo establecido por el catálogo pontificio, es posible calificar de ese modo a líderes políticos que combatieron a pontífices.
Lo fue Víctor Manuel II al unificar Italia sitiando en el Vaticano a Pío IX, el último Papa que gobernó los Estados Pontificios. También Bismarck al declarar la “Kulturkampf” (lucha cultural) contra el catolicismo.
Hitler y Stalin fueron considerados antipapas por Pío XI, quien promulgó la encíclica Mit Brennender Sorge contra el neopaganismo nazi, y la Divini Redemptoris contra el ateísmo marxista.
Desde una dimensión más bien caricaturesca, Javier Milei sería un antipapa. Al fin de cuentas, ni los líderes marxistas y fascistas, ni los peores dictadores, insultaron a un Papa como Milei insultó a Francisco. Primero lo trató de “comunista”. Después se refirió a él como “el imbécil que está en el Vaticano” y finalmente le lanzó una maldición ultramontana con lenguaje lefebvriano: “el representante del maligno en la tierra”.
No existe un gobernante desde el siglo XX hasta la fecha que haya descargado semejantes insultos y maldiciones sobre un Papa. León XIV lo sabe. También sabe que, en sus streamings, radios y sitios en las redes, los comunicadores oficialistas difunden el odio por los que critican el gobierno, así como por los homosexuales, las feministas etcétera. La iglesia argentina lo tiene al tanto sobre las legiones de voceros de Milei que reivindican la crueldad y llaman “mogólicos” a quienes critican al presidente.
La vista del Papa es una gran noticia para Argentina pero no lo es para el gobierno. León XIV expresa lo contrario a lo que expresaMilei. Desde el nombre pontificio que eligió resalta la valoración y vigencia de lo actuado por León XIII, el Papa decimonónico que en 1891 promulgó la Rerum Novarum, primera encíclica de la iglesia dedicada a la cuestión social.
La encíclica de León XIII postula la Doctrina Social de la Iglesia, cuyoconcepto central es la Justicia Social. De todos los economistas de la Escuela Austriaca que cuestionaron la doctrina social eclesiástica, Javier Milei ha sido el único que se expresó con virulencia, ensañándose particularmente y de manera explícita con la Justicia Social.
Milei ha repetido como disco rayado que “la Justicia Social es una aberración”, explicando que se trata de “un robo porque implica robar al que genera riqueza para repartir entre quienes no generan nada”.
Igual que en la prédica de su antecesor argentino, León XIV da centralidad a la exigencia de que “la economía esté al servicio del hombre” y considera un deber moral estar del lado de los débiles y vulnerables, sectores de la sociedad que el mileísmo trata con desdén, llamando “fisuras” a los marginales.
Milei y el Papa también están en las antípodas sobre cuestiones centrales de la prédica del actual líder católico. Para León XIV, la polarización es un instrumento perverso de la política para construir poder dividiendo las sociedades e inoculando odio político, social y cultural en la fractura producida. Mientras que el presidente argentino ha llevado la instrumentación del odio político ha niveles de paroxismo.
Tiene en claro León XIV que “la grieta” y la consideración del crítico y el adversario como “el enemigo” no fueron instalados por Milei sino por sus antecesores kirchneristas. Pero visualiza el fervor extremo con que el actual mandatario ultraconservador practica el aborrecimiento político de sus adversarios y críticos.
El Papa llama a “desarmar el lenguaje”, en el sentido de quitarle las armas, porque la violencia verbal es violencia política. Y Milei es un insultador serial.
Además del negacionismo mileista del cambio climático, hay otro punto en el que Milei y el Papa se sitúan en antípodas. En términos morales, políticos, sociales y culturales León XIV representa exactamente lo opuesto a lo que representa Donald Trump, de quien Milei es un ferviente admirador y complaciente servidor.