Escribe: dr. CARLOS MAGGI
Media una gran distancia entre las "diferencias políticas" (que pueden ser objeto de debate y transacción) y las diferencias que se dan entre dos "concepciones del mundo" (la concepción del mundo, que los alemanes llaman Weltanschaung, no puede discutirse y mucho menos, transarse).
Si uno piensa en su salario y el otro piensa en la existencia de Dios o en la guerra contra el imperio, ¿se puede discutir? ¿Se puede proponerle a un fundamentalista: crea un poco menos en el más allá o en la justicia infinita?
Uno quiere mejorar, dentro de lo posible; y el otro quiere la gloria. ¿Puede haber negociación?
Alguna vez observé que en Rocha escribe y actúa una generación de pensadores que por razones de conciencia están en contra de los puentes; actúan por convicción, son devotos de Juan Jacobo Rousseau y aman al buen salvaje.
Todas las creencias son respetables, pero algunas son más respetables que otras. Hay personas partidarias del atraso y en esa pasión van con alma y vida.
Menos visible que las actitudes políticas, que suelen ser espectaculares; menos pintoresca, pero más profunda es la acción diaria de los opositores a todo. Víctor Soliño a propósito del Barrio Sur profetizó en su tango: "La civilización / te clava su puñal" —era el año en el cual el Bajo fue demolido para hacer una rambla y un gran enjardinado.
Hay gente mística que escucha voces y no lee los diarios.
El profesor brasileño, Luiz Wernek Vianna, un estudioso de filiación marxista inicia su ensayo con esta frase:
— "La formulación de una vía revolucionaria que procura extraer ventajas políticas del atraso, constituye una tradición clásica de la izquierda. Son muy conocidas las posiciones de los revolucionarios rusos premarxistas..." y agrega: — "Si la derecha quiere el pasaje del precapitalismo, salteándose la democracia (con sus presiones redistributivas y de justicia social) la izquierda apostará al atraso como palanca para el pasaje del pre al poscapitalismo." "En América Latina...(terreno propicio para el trasplante de la praxis revolucionaria)... se volverán temas dominantes... el atraso como ventaja, la exacerbación política..."(1)
En un discurso de homenaje al Che Guevara, el dirigente tupamaro, José Mujica, señalaba:
— "Aprendimos con el Che que la contradicción fundamental con el imperialismo no es sólo económica y social, no es sólo una cuestión de liberación nacional, sino que es una cuestión en el campo cultural, de los valores que practicamos... Este mundo contemporáneo está planteando una mentira de progreso, cada hombre tiene el destino de trabajar y ser nada más que un consumidor, y este hombre moderno, pálido, que corre de un lado para otro... que vive el ucronismo de una felicidad en cuotas, pagando toda su vida en cuotas... Ese es el tipo de felicidad que nos promete el occidente industrial: saquear el mundo, hacer pelota la naturaleza... olvidando lo único permanente y esencial, el valor del cariño por una mujer, por un hijo que se sienta en las rodillas, por tener tiempo de tomarse unas grapas con un puñado de amigos...
Hay dos modos de vida: perseguir la felicidad atrás de la zanahoria de un consumo ficticio... O el otro, trabajar justo lo necesario y vivir con sobriedad, con humildad, disparando a la miseria, pero lo justo, más bien menos que más, porque es bíblico que si la felicidad existe, está más cerca de los pobres y no de los que tienen demasiado... Y este país se divide en dos tajadas, o contra el imperialismo o a favor de él. Y ese tajo nos está dividiendo..."
Oponerse a la modernidad es el primer mandamiento de la política furiosa.
Mujica hace un planteamiento austero y convencido (y a mi entender equivocado) pero absolutamente coherente. Sabe lo que quiere: voltear el sistema vigente de raíz; imponer una concepción del mundo ajena al sentimiento liberal, disminuir el mundo y vivir quedamente.
La acción extrema está dispuesta a pagar una cuota de martirio (las ventajas del atraso) con tal de alcanzar la utopía, en este caso una utopía muy modesta; tener poco y contemplar la vida, sin moverse para cambiar nada. (gran paradoja para un guerrillero).
Pienso que la gente de este país no quiere pasar por el atraso para después lograr la pobreza y descansar en paz.
¿Por qué no puede haber algo para soñar, una ambición a la medida de cada uno; un fantasma tras el cual correr y esforzarse y sentirse ganador? ¿Por qué no gozar de ciertas comodidades amables? ¿Por qué no aceptar un desafío y luchar por vencer en algo? Es muy triste descansar sin haberse cansado.
Y es una aberración gravísima sostener que el progreso destroza (siempre) el planeta y que hace (siempre) hombres imbéciles, automatizados o muertos en vida por la miseria, la rutina o el consumismo. Tales desgracias son los riesgos del crecimiento, sus enfermedades; pero, justamente, se trata de crecer, evitando dolencias. Nada de conformarse entre mate y siesta; nada de quedarse impávido, mientras todo se cae. ¡Hacer algo!
Usar las ventajas del atraso, atrasar a la gente, es la tristísima tarea que se han asignado los ultras soñadores.
El atraso solo le da ventaja a quienes preparan una acción directa.
De este preciso punto nace la teoría del foco: bloquear el desarrollo, crear artificialmente el infortunio de muchos; tantos, que la vida se desvalorice hasta que el hombre común, acorralado, se disponga a matar o morir.
No se sabe, actualmente, cuál es la solución (la utopía) que anima a quienes desean terminar con el orden vigente.
Las fórmulas marxistas han tenido un tropiezo de tal tamaño (muchos países, durante muchos años, todos sumidos en la miseria y la tiranía) que no es fácil ofrecerlas de nuevo como un catálogo de justicia y bienestar.
Con todo: los ultras, mutilados o no por la caída del socialismo real, suelen ser políticos de mucha lógica.
Su intención puede no compartirse, pero su razonamiento es impecable y por eso se entiende tan perfectamente.
A quienes no se entiende es a los políticos demagogos del Uruguay y a los asustadizos uruguayos, la gente del "no cambio". Con su quede, esa gente está minando el régimen dentro del cual quieren estar; buscan su destrucción por empantanamiento.
El único modo de ser libres es ser suficientemente ricos; tener medios para formar a la gente, en vez de brutalizarla mediante la simplificación, la falta de bienes imprescindibles y la acción directa. Los rasgos del atraso son el camino de vuelta hacia la organización tribal. Notable paradoja: negarse al progreso da patente de progresista.
Afirma de manera inobjetable Eduardo de León en la obra citada:
— "La resistencia a los valores del "occidente industrial" (a diferencia del jacobinismo revolucionario de los años 60) ya no se postula creíblemente, como una estrategia para un "salto" hacia una sociedad socialista moderna, sino como un fin loable por si misma." Y agrega — "La resistencia misma es su propia utopía".
Siguiendo esta línea de pensamiento, se llega a entender lo que parece incomprensible: la oposición a negociar un tratado de libre comercio con EEUU, antes de saber qué ofrece EEUU.
La Unión Soviética persiguió a cuanta persona careciera de la debida "conciencia revolucionaria" (es decir: apego a la situación).
Gorbachov vio en la sofocación de la crítica, una de las principales razones que determinaron la caída del sistema.
Todo consiste, pues, en mantener la más amplia libertad y que cada uno haga, dentro de ella, lo que mejor le parezca; pero entendiendo, sabiendo hacia donde lleva cada actitud.
Lo triste es hacer el caldo gordo al atraso sin darse cuenta.
Hay muchos que no quieren oír hablar del TLC y sin embargo quieren un gobierno exitoso del Frente Amplio; están locos. Esos distraídos ni piensan en las ventajas del atraso, pero lo practican; como siempre se usó entre nosotros (los del Encuentro Progresista) estar en contra, yo sigo en contra. Antes me oponía y ahora que soy gobierno, sigo en la oposición.
En cada decisión conviene elegir, con conciencia y voluntad, entre las ventajas del atraso y las ventajas del progreso.
Yo respeto a los creyentes en su fe, pero no pienso como ellos ni los ayudo cuando veo que se equivocan en perjuicio de todos. Y en primer lugar, en perjuicio del gobierno.
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(1) Citado por Felipe Arocena y Eduardo de León en "El complejo de Próspero", Vintén editor, Montevideo, 1993, pág. 203 y stes.