Los economistas solemos hablar y escribir sobre lo que el país debería hacer, y está muy bien. Dar una discusión que enfatice en las tareas pendientes que tenemos como país es una parte del debate fundamental.
Sin embargo, a veces también es bueno detenerse a ver de dónde venimos y qué cosas hemos hecho bien.
Otra forma de abordar el mismo tema sería pararse frente al espejo de nuestro hermano mayor, Argentina. ¿Por qué estamos sustancialmente mejor que Argentina? ¿Cuándo fue que nos desacoplamos de este país que solía tener un nivel de prosperidad similar, o algo mayor, al nuestro? ¿Cuál o cuáles hechos nos permitieron hacerlo? Puede haber muchas explicaciones al respecto, yo voy a dejar la mía: el Uruguay posdictadura procesó reformas importantes y laudó discusiones que siguen abiertas en Argentina.
En 2013 el entonces Presidente del BC, Mario Bergara decía que la mejor política social es la estabilidad macro. Obviando, solo por esta vez, que la conducta fiscal en esos meses dista muchísimo de haber sido la deseable, esto revela algún tipo de consenso que Uruguay construyó en torno a la estabilidad macro-económica. Desde principios de los 90 nos acostumbramos a tener déficits moderadamente bajos que son la verdadera causa de que hayamos derrotado a la inflación y de que hoy podamos tener un tipo de cambio flotante.
Uruguay parece haber laudado la decisión de ser un país más abierto. Somos hoy un país mucho más abierto de lo que éramos a principios de los 90 y ni que hablar a principios de los 70. Somos un país donde las gremiales empresariales y los sindicatos entienden, con sus diferencias, la importancia de la inserción internacional para el país. Aún queda muchísimo para avanzar en este tema, pero ciertamente hay avances y un discurso sustancialmente más saludable que hace algunas décadas.
No por reiterado, y hasta aburrido, hay que dejar de destacar todo lo avanzado en consolidación democrática. El Uruguay posdictadura consolidó la única democracia plena de la región. No es poco que tengamos total certeza de que en este país los mandatos se cumplen, que el perdedor coopera en la transición con el ganador y que la justicia es independiente. Hay alternativas políticas suficientemente distintas para representar pero no tanto como para hacer inviable la convivencia democrática.
Basta mirar alrededor para darnos cuenta que estas cosas no son pocas. Sobre estos logros aparentemente simples se construyó la gran baja de la pobreza del Uruguay posdictadura, el crecimiento del PBI y otros logros muy importantes.
Allende el Plata la realidad es otra. Los sucesivos gobiernos se las ingeniaron para financiar enormes déficits con emisión, endeudamiento o fondos excepcionales de modo de evitar abordar el fondo del problema. No casualmente Argentina reitera una vez más, una crisis espantosa que llevará a la mitad de su población a la pobreza.
Nunca está de más detenerse y analizar el camino para tomar impulso. Uruguay debe abordar una nueva agenda de reformas para dar un salto al desarrollo. Es quizás el único país de la región en condiciones de ponerse una meta ambiciosa de este tipo. Para eso es bueno entender las cosas que hicimos bien y cómo fue.