Ubagesner Chávez Sosa se llamaba el primer desaparecido de la dictadura militar cuyos restos fueron localizados en una chacra de la Fuerza Aérea en Pando. Este hombre, lo mismo que Líber Arce o que Morroni, muertos en enfrentamientos contra la policía —el primero promoviendo desórdenes estudiantiles y el segundo protestando contra la extradición de presuntos terroristas etarras dispuesta por el Poder Judicial— es en definitiva un mártir más de la lucha dicen que idealista aunque no se sepa bien a favor ni en contra de qué. Los dos citados cayeron en alteraciones al orden público. Al aparecido seguramente lo asesinaron de la forma más repugnante que se pueda concebir, aplicándole métodos de tortura que no pudo soportar. Se le tributará un homenaje que mucho tendrá de símbolo. El Pit-Cnt, que lo promueve, ya ha obtenido el permiso para que sus restos sean velados en el Paraninfo de la Universidad, y el día de las exequias habrá paro general para facilitar la concurrencia de gente. Está bien, era de esperar que así fuera, y no podemos sino adherir al rechazo de estos asesinatos infames.
Pero nos cuesta aceptar que se utilice el Paraninfo para la ocasión, que nada tiene que ver ni con la Universidad, ni con la cultura. Notables personalidades del país —nombramos sólo a Clemente Estable por poner un ejemplo que represente a todos los de su jerarquía— no recibieron el honor de ser velados en la Universidad a la que sirvieron y prestigiaron. Esto es una exageración y un despropósito. Y además es una medida discriminatoria para los uruguayos a quienes no se les mide con la misma vara.
Miguel A. Semino, abogado, profesor Adscrito de Derecho Constitucional de la Facultad de Derecho de la Universidad de la República, y Asesor Jurídico de la misma, Secretario de la primera presidencia del Dr. Julio María Sanguinetti, Asesor Especial de la Presidencia de la República y ex Embajador en Lima y en Francia, acaba de publicar un ensayo titulado "Las patas de la sota", al que se le considera como "el más cáustico escrutinio que se haya publicado sobre el Frente Amplio, su ideología, sus contradicciones, y los primeros resultados del gobierno de Tabaré Vázquez". Recomendamos francamente su lectura. Allí el distinguido colega y amigo recuerda la sanción de la primera Ley de Amnistía después de la dictadura, la Ley 15.737 de 8 de marzo de 1985, que entre otras disposiciones amnistió a todas las personas a quienes se les hubiera atribuido la comisión de estos delitos, políticos, comunes y militares anexos a partir del 1º de enero de 1962, sea como autores, coautores o cómplices, y a los encubridores de los mismos, hayan sido o no procesados y aún cuando fueren reincidentes o habituales. En síntesis, la ley benefició a presos con condena, a procesados sin ella, y a los que NUNCA FUERON PROCESADOS NI CONDENADOS, ni pisaron una comisaría o un cuartel, desconocidos por las autoridades, o no capturados por cualquier causa por ellas. Así, dieciocho asesinatos y otros crímenes gravísimos cometidos por los tupamaros quedarán definitivamente sin aclararse y sus autores, encubridores o cómplices andarán por ahí trabajando en la actividad pública o privada, y muy probablemente también ocupando cargos de gobierno.
Y bien, para las víctimas de esos delitos —por ejemplo para los soldaditos masacrados haciendo guardia en casa del Comandante en Jefe, para el peón rural que tuvo la mala suerte de ver la tatucera, o para la cuidadora del bowling que le volaron una pierna— ni para sus familiares, hubo ni habrá jamás cortejo ni Paraninfo, ni paros gremiales.
La vida es así.