JUAN MARTÍN POSADAS
Un temblor, estremecimiento y entrechocar de dientes recorre las menguadas filas de los convencidos. Bajo el gacho, levantando apenas el embozo, acercan sus cabezas y cuchichean: "habló Lucía Topolansky". ¿Otra vez? Sí, otra vez. ¡Justo ahora en vísperas de las elecciones internas!
Pocos meses atrás había hablado y se había hundido el Titanic, el Titanic de ellos, el Dr. Tabaré Ramón Váz-quez. Había dicho que, ante el peligro que constituían las reacciones histéricas del gobierno de los Kirchner, él había considerado la posibilidad de solicitar ayuda a los Estados Unidos. Frase inocua y previsión perfectamente prudente pero que desorientó e irritó a tal punto a los fieles que el Titanic resolvió desaparecer de la superficie (y los temblorosos círculos concéntricos balancearon los verdes camalotes y en el silencio del juncal murieron).
La senadora Topolansky habló sobre las fuerzas armadas. Dijo que aspira a tener unas fuerzas armadas fieles al proyecto político del Frente Amplio. Luego buscó mayor rigor en los conceptos y expresó: "preciso por lo menos un tercio de la oficialidad y la mitad de la tropa de mi lado, como meta. Me gustaría todo, pero una base sustentable sería eso". Luego se extendió en otras consideraciones, algunas compartibles, pero que quedaron sepultadas bajo el peso abrumador de los disparates y el pasmo generalizado por ellos producido.
Uno tiende, en primera instancia, a preguntarse qué opinará al respecto el Ministro de Defensa, su compañero de partido, de armas y de prisión. En segunda instancia, empero, uno se refrena y no pregunta nada, atento a las salvas de improperios y despropósitos que el Ministro descerrajó al boleo en un reciente y vergonzoso almuerzo en ADM (vergonzoso por las reacciones del selecto público).
Desde las filas del partido de gobierno, con intermitencias asaz breves, hemos oído de todo. Constanza Moreira, académica y senadora, afirmó sobre los poderes del estado, que el Poder Ejecutivo es el que manda, el Poder Legislativo "está bastante subordinado a él" y el Poder Judicial "está allá al costado". Un jerarca de la enseñanza, también de ese partido, dijo que las pruebas PISA no tenían valor alguno porque referían a lugares donde había un alto nivel de enseñanza y que nosotros deberíamos rechazarlas y sustituirlas por otras de menor nivel y allí nuestros alumnos no andarían tan mal. El Dr. Gallo, que ocupa el tercer escalón jerárquico del Ministerio de Salud Pública prohibió en primera instancia el uso del robot quirúrgico Da Vinci porque era "un aparatito para currar": ese es el concepto de progreso científico que se aloja en el cerebro (o en el espacio craneano) de ese alto funcionario, colocado a dedo en su cargo por ser hijo de un dirigente político frentista.
El Frente Amplio es la fuerza electoral más numerosa, su convocatoria política ha convencido a la mayoría de los uruguayos. Esa fuerza, por su composición interna, no tiene capacidad de gestión. Hace años que lo viene demostrando en la Intendencia de Montevideo; ahora lo demuestra en el gobierno central. El Frente, como cualquiera de los partidos, tiene gente preparada y capaz; pero no pueden hacer nada porque tienen que darle lugar a los otros, que traen los votos, manejan los aparatos y están ansiosos de ejecutar sus fantasías. Piénselo.