Washington Beltrán Storace
En su libro "Historias Tupamaras", que ya va por la 5ª edición, (Antonio Mercader lo comentó con su habitual solvencia a poco de la aparición) el periodista Leonardo Haberkorn destruye varios de los mitos del movimiento terrorista que han llegado a nuestros días. No lo hace desde una postura ideológica o con argumentos retóricos sino a través del relato de muchos de sus integrantes que, con el transcurso de los acontecimientos y los años, abandonaron la organización y analizan los hechos ocurridos en la época violentista. A diferencia de las versiones que recoge la "historia oficial reciente" contada por quienes integraron el Movimiento y hoy son políticos de primera línea que buscan acomodar lo ocurrido a su nueva imagen, los tupamaros que hablan en el libro no pretenden elogiar ni justificar sus actos. Son críticos con su pasado, honestos a la hora de relatar lo ocurrido y desmenuzar episodios que marcaron una época. Llaman a las cosas por su nombre verdadero y no por el que exige el marketing electoral.
En ese contexto, Haberkorn cita varios mitos tupamaros, que resultan demolidos por los propios tupamaros. El primero dice que los tupamaros surgieron para enfrentar el golpe de Estado y defender la democracia. Más allá de que las fechas no coinciden (su primera acción fue de julio de 1963, diez años antes del golpe) y desnudan la mentira, uno de sus fundadores, Efraín Martínez Platero es categórico cuando afirma que actuaban con "un objetivo socialista clarísimo, procubano" para "hacer una revolución".
Cae luego el mito de la "inocencia" tupamara ante el ascenso militar. Para Kimal Amir (fundador del 26 de Marzo, brazo político de la organización) "contribuimos a crear en el país una situación de desprestigio de las instituciones (…), ayudamos a que los militares encontraran un campo más propicio para el golpe". Otros apuntan a que la consigna era "cuanto peor, mejor".
Pero, el que me interesa destacar es el mito de que "el asesinato de Pascasio Báez fue un error" y el MLN no practicaba el terrorismo. Dejemos por hoy a Pascasio Báez, Roque Arteche y otra gente asesinada por el MLN. El tema es el terrorismo. Leonardo Haberkorn en su blog (1) da cuenta que en el libro menciona el trágico atentado con bombas contra el Bowling de Carrasco, realizado por el MLN el 29 de septiembre de 1970. "Aquella acción -dice- fue una de las más trágicas del plan Cacao, un plan llevado adelante con el propósito de aterrorizar a la burguesía uruguaya. Nada en el Bowling salió como se había pensado". Dos tupamaros murieron y también se consideró que Hilaria Ibarra (48 años), cuidadora del local, también había muerto en el atentado.
Declaraciones de Fernández Huidobro aparecidas con posterioridad al libro, rechazaron esa versión, por lo que Haberkorn decidió a investigar lo acontecido (una narración minuciosa de toda esta reconstrucción, está en su blog). Así pudo comprobar que Ibarra era el segundo apellido -Quirino era el primero- de Hilaria y que efectivamente no había muerto en el Bowling. Logró ubicar a su hija y al yerno de la ex cuidadora y allí se enteró que había muerto hacía cinco años.
¿Cómo fue la vida de Hilaria Quirino Ibarra luego del atentado? ¿Qué secuelas quedaron en ella tras la explosión y el feroz incendio?
"Sufrió heridas terribles", afirmó su yerno. "Quedó toda abierta, pasó ocho meses internada en el Hospital Militar. Nunca se recuperó ni física ni mentalmente. Como mujer, le arruinaron la vida".
Su hija, María Rita, que en aquel entonces tenía 15 años, no quiso hablar mucho. "Mi madre nunca se recuperó, sobre todo mentalmente. Su cuerpo parecía un mapa de tantos injertos que tuvieron que hacerle. A mí me costó mucho sobreponerme y ya no quiero hablar de eso. Yo no soy quien para perdonar. Es el de arriba el que tiene que perdonar".
Haberkorn apunta a que durante su investigación, leyó en el diario El País de la época "un detalle sorprendente: quien había rescatado a la pobre mujer de debajo de los escombros había sido un joven llamado Gustavo Zerbino". ¿Coincidencia con el protagonista de la tragedia y gesta de los Andes?
Resultó ser el mismo. En aquel entonces tenía 17 años. Zerbino rescató de los escombros a seis personas. La más difícil fue Hilaria. Había quedado sepultada bajo el peso de una enorme columna y las llamas avanzaban implacables,. "Las lenguas de fuego ya estaban allí" recuerda Zerbino. "No había nadie para ayudar. Tiré y tiré con todas mis fuerzas (…) Para sacarla de debajo de la columna tuve que arrancarle prácticamente una pierna y desmembrarle la cadera. Recién ahí salió. Fue lo más espantoso que hice en mi vida, fue horrible, pero al menos salvó su vida".
¡Ah! Cuando eso ocurrió, faltaban todavía casi tres años para el golpe de Estado, no había dictadura en el país. Pero, como dijo la hija de Hilaria, "es el de arriba que tiene que perdonar".
Si hay arrepentimiento…
(1) https://leonardohaberkorn.blogspot.com