La vuelta del "no sea nabo"

Antonio Mercader

Parece un incidente menor en medio del revuelo armado en torno a los barcos, las Malvinas y la prepotencia argentina en estas aguas, pero no lo es. Y no lo es porque se trata de la ingrata actitud de José Mujica ante los periodistas que lo entrevistaron para informar a la opinión pública sobre el caso del pesquero español acosado por la armada argentina. Un periodista consultó al presidente si se iban a tomar medidas, una pregunta por demás lógica.

-"¿Medidas? Medidas de traje o de la corbata vamos a tomar", contestó Mujica entre sobrador, sarcástico e irritado.

No contento con el desplante, el presidente quiso quitarle fuego al tema. "Aprietan a ese y a muchos barcos, y siempre fue así... eso pasa todas las semanas, el problema fue que ustedes se enteraron", añadió dirigiéndose a los periodistas. Curioso razonamiento el del presidente: lo malo no es que Argentina ahuyente a los barcos de cualquier bandera que salgan de Montevideo sino que la prensa se entere. Cuanto más secreto, mejor.

Su esgrima con los periodistas no paró ahí. Cuando otro le preguntó si las autoridades uruguayas dejarían pasar a naves argentinas para ejercer controles en nuestras aguas territoriales, el presidente lo paró en seco: "No sea nabo. Los barcos siempre vigilan porque son bagayos, hermano". Tan folclórica respuesta merece un análisis más detenido.

En primer lugar, el "no sea nabo" está patentado por Mujica desde que se lo propinó injusta y sorpresivamente a Néber Araujo ocho años atrás en una entrevista televisada. Aunque ese gran profesional que es Araujo mantuvo la compostura y dejó pasar el exabrupto, el episodio fue muy festejado por los seguidores del entonces senador de la oposición. Es posible que ese antecedente le haya dado a Mujica la sensación de que goza de total impunidad para mortificar a los comunicadores, una mala costumbre para quien encabeza un gobierno democrático.

En segundo lugar, la alusión presidencial a los "bagayos" es incomprensible puesto que a los barcos no les cabe tal calificación procedente del más puro lunfardo. Quizás quiso sugerir que navegan por ahí para vigilar que no haya "bagayos", es decir contrabando, aunque no se le entendió. En cambio, eso de "hermano", dicho en tono perdonavidas y con cierto patronazgo, sí se entendió. Fue, sin duda, una falta de respeto a quien cumplía con su deber de preguntar.

Y eso fue precisamente lo que a continuación le advirtió el periodista: "No me falte el respeto". Hizo bien, porque el presidente de la República no sólo le faltaba el respeto a él sino a alguien más importante: a la opinión pública que se informa por la prensa y que tiene el derecho de saber qué hay detrás de este acoso argentino a los pesqueros de terceros países que, como España, operan tomando con base el puerto de Montevideo.

Últimamente a Mujica se lo ha visto destemplado en sus encuentros con la gente. Baste recordar el día en que salió por la avenida 18 de Julio a repartir volantes contra la violencia sobre las mujeres y a arengar a los hombres a "saber perder" con ellas. De igual modo, en este áspero intercambio con los periodistas volvió a mostrar intemperancia en un asunto delicado como es el de las presiones del gobierno argentino por el tema Malvinas.

Si las cosas siguen así, ojalá que de aquí en adelante los periodistas uruguayos prefieran pasar por "nabos" antes que por tímidos, o peor aún, por obsecuentes.

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