La seguridad como derecho humano

MARÍA JULIA POU

Es tema casi obligado en los medios de comunicación como en cualquier reunión social: la inseguridad que se vive en el país. Es bueno destacar que este tema no apareció de repente en nuestra sociedad, pero que ha venido agravándose con el correr de los meses. Como nos parece un tema esencial para la sana y segura convivencia, es que creemos que debería apuntarse a concretar una política de Estado y que pese a los cambios de administraciones exista una continuidad.

Porque todo gobierno debe garantizar la integridad física y patrimonial de la población, y la plena vigencia del Derecho abordando los problemas de manera completa y actuando con firmeza e imparcialidad; pero tengamos en cuenta que es trabajo de todos la construcción de un verdadero estado de Derecho.

La seguridad pública comprende una amplia gama de temas como el delito -en sus múltiples formas- y corrupción, terrorismo, los institutos penales, las autoridades policiales y judiciales. Y por cierto hay dos aspectos que deben considerarse en este ámbito de la seguridad: el aspecto objetivo que se centra en los niveles reales de inseguridad y en las amenazas existentes, y el aspecto subjetivo, que aborda las formas en que esas amenazas son percibidas por cada persona, diríamos, la sensación térmica que no por ser sensación es menos cierta. Por lo tanto, este es un tema interdisciplinario de gran complejidad y para ello el Estado tiene que tener presente que desempeña un papel fundamental cuando se trata de imponer la seguridad como medio para lograr el objetivo primordial de garantizar la libertad de las personas.

Aparece entonces la necesidad de adecuar, modernizar las fuerzas policiales y del funcionamiento de la justicia como forma de prepararlas y darles los instrumentos para que las nuevas formas de agredir a las personas las encuentren capacitadas para la tarea que deben realizar. En este sentido el Estado debe invertir más que gastar. Un tema en el que se exige estar al día es el del tráfico de drogas. La violencia que nos muestran a diario a través de las noticias constituye un elemento fortísimo para que despertemos cuanto antes a esa tendencia en alza.

Y esto nos lleva de la mano al tema educativo: la educación en derechos humanos debe tener por objeto crear una cultura de los derechos humanos para lograr que cada persona se convierta en sujeto de sus propios derechos. Es decir, crear una agenda amplia en que la educación en derechos humanos signifique una transformación social, y como tal, debe estar acompañada de educación en el ámbito de las responsabilidades sociales de los individuos, a fin de promover una cultura de la tolerancia. En ese sentido la educación en derechos humanos sobrepasa el ámbito legal porque se trata del desarrollo de una nueva cultura.

Por esta última consideración es que entran en escena los medios de comunicación, porque cierran el circuito a través del cual los ciudadanos se informan, tienen la posibilidad de adquirir un pensamiento crítico y toman conciencia de las realidades del entorno. Es pues toda la comunidad sin excepciones la que tiene que comprometerse en esta tarea de afianzar la seguridad como un derecho humano: no es un proceso fácil ni rápido, por eso tiene que empezar ya.

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