La segunda vida del Dr. Banda

LUCIANO ÁLVAREZ

Durante su primera vida, el Dr. Hastings Kamuzu Banda era considerado por sus vecinos de Edimburgo y Londres como un verdadero gentleman. "Era un hombre severo, que con frecuencia leía las plegarias dominicales en la iglesia de Escocia, era caritativo y solidario, y se le admiraba por su amplia cultura y por una profunda sabiduría". Así le describe Albert Sánchez Piñol, rasgos que habrá de compartir cualquiera que estudie su primera vida, que llega hasta su cincuentena larga. Había emigrado siendo casi un niño de una pobre aldea de la colonia inglesa de Malawi, por su propio esfuerzo se convirtió en médico y pasó la mayor parte de su vida en Gran Bretaña. Se le pierde algo la pista, incluso emergen ciertos episodios oscuros entre 1953 y 1958, cuando inició su segunda vida.

Si bien desde 1945 había apoyado los movimientos independentistas, pasaron 40 años antes de regresar al África. Cuando volvió a su país se le recibió como héroe de la independencia y fue llevado al gobierno en medio del delirio de sus compatriotas y apoyándose en el Malawi Congress Party (MCP) que él mismo había reorganizado. Además de sus altas condiciones humanas, Banda tenía gran conocimiento de la democracia parlamentaria británica, la independencia se había logrado en paz y todo auguraba un liderazgo modelo para uno de los países más pobres del mundo. Sin embargo la Historia parió al segundo Dr. Banda, a sus 66 años.

Su primer paso fue convertir al MCP en un partido prácticamente teocrático en el que Banda tenía la potestad de hacer todos los nombramientos y de expulsar a cualquier miembro del partido. "Unidad, lealtad, obediencia y disciplina", fue desde entonces el lema del MCP y se incluyó en el reglamento la lista de nombres que debían atribuirse al líder: Salvador, Fuego, Sabio, Mesías o Ngwazi (Conquistador).

El carácter místico de su liderazgo, libremente inspirado tanto en la teocracia calvinista, como en las Iglesias Nacionales de Escocia e Inglaterra, incluía abundantes citas bíblicas en sus discursos, así como plegarias y sermones y la realización de actos litúrgicos ecuménicos, que tenían al Dr. Banda como oficiante.

Del razonamiento teocrático derivó una teoría del gobierno. Uno de sus ministros la explicó meridianamente: "No hay oposición en el cielo. Dios mismo no quiere oposición y por eso expulsó a Satanás. ¿Por qué Kamuzu debería tener oposición?" La resultante fue la creación de un Estado de partido único y un Parlamento que se reunía solo una vez al año con el fin de "ensalzar el dinámico liderazgo del Dr. Banda". Él mismo explicó las bases de lo que llamó el "sistema Kamuzu": "La tragedia del África es que existe demasiada gente ignorante en posiciones de poder y responsabilidad", por lo tanto eran necesario líderes cultos y educados como él. Consecuentemente, concluyó, "To-do lo que yo digo es ley. Literalmente ley. Esto es un hecho en este país".

En otro discurso, en 1965, agregó: "Un gobierno escogido por el pueblo, sea o no una dictadura, siempre y cuando sea el pueblo quien escoge al dictador, no es una dictadura. Eso es todo. Esto es lo que significa democracia". En 1971 Kamuzu Banda se declaró Presidente vitalicio del país.

La doctrina oficial incluía la tesis de una identidad cultural malawí, emergente de los sabios estudios y la inspiración del Dr. Hastings Kamuzu Banda. Los "valores tradicionales malawíes" que se basaban en el respeto por los jefes y los adultos mayores se traducían en la enseñanza de una historia oficial, supervisada meticulosamente por el propio líder.

Con tanta gente "ignorante y desobediente", era lógico que el "sistema Kamuzu" tuviera el respaldo de la fuerza. Organizó entonces tres sistemas de inteligencia, independientes uno del otro: la "Rama Especial de inteligencia policial", el "Servicio de Inteligencia y Seguridad" (SIS) y un ala paramilitar del MCP, los jóvenes pioneros. Así manejó el país durante más de treinta años.

Como la mayoría de los tiranos una de sus habilidades consistía en mostrarse amable y afectuoso en público, repudiar los actos de violencia contra los opositores, mientras dirigía activamente el aparato represivo.

La vida privada no podía estar ausente de la legislación divina del Dr. Banda. Así por ejemplo en 1977 promulgó un riguroso "Reglamento de decencia en el vestir".

Este "Escocés negro" no tenía casi amigos en África, en cambio se granjeó la simpatía del régimen racista de Sudáfrica, que le apoyó económicamente, así como, en un contexto de guerra fría, se alineó con Occidente que también le proveía de ayuda hasta el punto que en 1992, 31,5% del PIB de Malawi provenía de la ayuda internacional.

Con esta descripción podría imaginarse que el Dr. Banda era un anacrónico gobernante teocrático y conservador que había llevado sus convicciones morales a una situación totalitaria.

Pero no se quedó allí. El otrora magnánimo y austero médico de Edimburgo y Londres pasó directamente al fasto y la corrupción. En 15 años se hizo construir 19 palacios y poseía el 96% de la principal empresa malawí. También procuró recuperar el tiempo perdido en relación a Venus. Sus amantes más conocidas, Cecilia Kadzamira y Linley Mbeta, se convirtieron en figuras del régimen.

Los problemas comenzaron el 1989 cuando recibió la visita de Juan Pablo II. El Papa hizo un llamado a los obispos de Malawi para que se preocuparan más por los problemas sociales y por la defensa de los derechos humanos y los convocó a Roma, donde supervisó la redacción de una carta pastoral que fue leída simultáneamente en todas las iglesias católicas, el 8 de marzo de 1992. A pesar de la represión se iniciaba un camino sin retorno. La presión internacional fue importante y entonces el Dr. Banda, que creía, como hemos visto, en las "dictaduras democráticas" convocó a un referéndum, bajo supervisión internacional. Fue derrotado dos veces. En el referéndum se vio obligado a aceptar el multipartidismo y no fue reelegido en las subsiguientes elecciones. Perdió buena parte de sus bienes y falleció en un hospital de Johannesburgo el 25 de noviembre de 1997. Había vivido casi cien años y dos vidas: una honorable y otra despreciable, consecutivamente.

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