La oposición II

El Domingo pasado me referí al rol de la oposición. Tomé como pretexto el episodio de los ediles blancos que dieron su voto para el endeudamiento de la Intendencia de Montevideo. Dije que el asunto había recibido un encare disciplinario en vez de aprovecharlo para profundizar una discusión acerca del desafío más importante sobre estrategia política que tiene el Partido Nacional para los próximos años. Lo expresado el Domingo pasado se completa con lo que sigue hoy y esto se leerá mejor a la luz de aquello.

El estar en la oposición, ubicación no elegida sino consecuencia de un resultado electoral, conlleva siempre un peligro de simplificación: si quedé en la oposición es para decir que no y punto. Si el personal partidario se deja llevar por esa simplificación el Partido queda ubicado en una posición subordinada, siempre a la cola de lo que diga o proponga el gobierno, ocupándose de lo que el gobierno hace o deja de hacer, en postura de respuesta y nunca de propuesta, siempre con la agenda del otro y nunca con una agenda propia.

La cantidad de oportunidades para la crítica y el retruque fácil que este gobierno fabrica y otorga cotidianamente ayudan a que se tome aquella postura simplificada casi sin pensarlo y muchas veces aún con regocijo: si me la dejan picando, pateo.

Enfrentado a esa tentación cotidiana, sin dejar de señalar los errores y las contradicciones del gobierno, el Partido Nacional deberá pasar a desarrollar sus propias ideas, sus planes, su visión de la circunstancia y su visión del país. El diálogo principal no es con el gobierno, es con el país; el interlocutor del Partido es el Uruguay y los temas a tratar con el Uruguay los elige el Partido.

Antes de terminar quiero agregar una reflexión más en referencia a la oposición. Hace un par de semanas todas las empresas de estudio de opinión produjeron resultados coincidentes en sus encuestas que indicaban una fuerte caída del índice de aprobación del Presidente Orsi. Las encuestas habían recogido una desaprobación tal que dio pie a comentarios explícitos de preocupación en filas del propio Frente Amplio.

Días después de eso fueron divulgados resultados de otras encuestas que indicaban, todas ellas, una desaprobación paralela referida a la oposición. Al ser unas primero y otras después dio la impresión de un propósito de completar un panorama general y dar una visión… ¿más equilibrada?

Medir la aprobación o desaprobación de la gestión o imagen del Presidente es tarea relativamente fácil y sencilla para las empresas encuestadoras: se le pide al encuestado la valoración sobre una sola persona.

En cambio, medir y dar porcentajes de aprobación o desaprobación sobre la oposición es otra cosa. Hay varios partidos políticos formando la oposición, cada uno con su estilo (dentro del P. Colorado hay dos estilos), hay muchos dirigentes muy diferentes ¿sobre quiénes pregunta el entrevistador? ¿sobre quiénes contesta el entrevistado? De todas las respuestas sobre una pregunta que abarca un universo tan grande y variado ¿qué valor tiene un porcentaje? ¿Vale lo mismo como dato de la realidad destinado a ilustrar a la opinión pública el resultado de una encuesta y el de la otra? ¿Una después del estruendo de la anterior? ¿Qué dirán a todo esto las empresas encuestadoras?

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