El 21 de junio se cumplieron cinco años de aquel episodio bastante insólito, ocurrido en el programa Todas las Voces de Canal 4, cuando el Senador Sebastián Da Silva increpó a Fernando Pereira (entonces presidente del PIT-CNT): “estás por cumplir la boda de plata de no marcar tarjeta en la oficina”.
Dos acontecimientos de hace unos días me lo recordaron: el anunció de que la FUS presentaría una denuncia por manejos financieros irregulares contra dos ex dirigentes, y un comunicado de la Cámara de Industrias Pesqueras del Uruguay (CIPU), donde denunció que el sindicato del sector impidió la salida de dos barcos pesqueros, porque las empresas se negaron a cobrar la cuota sindical de los marineros. Estimado lector, Ud. se preguntará por qué esos acontecimientos inspiraron esta columna. Siga leyendo y tendrá la respuesta.
Mediante licencias sindicales u otros mecanismos, muchos dirigentes sindicales son liberados de sus responsabilidades laborales para dedicarse a la actividad sindical. Esto, que fue creado para facilitar el funcionamiento de los sindicatos, ha sido aprovechado por una minoría de vivos que encontraron en la militancia sindical una fuente de ingresos (varios cobran un plus del sindicato), poder, fama y prebendas (viajes, auto, etc.). Y también, un trampolín a la política.
La mayoría de los dirigentes de primera línea del PIT-CNT constituyen una oligarquía, que se ha apoderado de los sindicatos mediante mecanismos autocráticos de acceso al poder y de permanencia en él. Al igual que toda oligarquía, usan y abusan de ese poder para sus intereses.
Estos sindicalistas manejan millones de dólares que aportan los trabajadores, en algunos casos en sindicatos sin personería jurídica y con escasos controles sobre ese dinero. Mucho dinero para financiar sus privilegios, pero poca transparencia que facilita el abuso.
La gigantesca estafa contra el Fondo Social de Vivienda de Obreros de la construcción (actualmente en la Justicia, con varios formalizados) es una película emblemática, cuya precuela fue aquella otra estafa con el Plan de Vivienda Sindical del PIT-CNT.
Los ex - dirigentes denunciados no son los primeros en ser llevados a la Justicia por el manejo abusivo del dinero de los afiliados. Hace años otro dirigente sindical de la Salud muy mediático terminó tras las rejas por cosas parecidas.
La forma como esta oligarquía se apoderó de los sindicatos es un libreto de manual leninista en su versión berreta. Los viejos partidos comunistas aplicaban tácticas autocráticas para hacerse con el control de los sindicatos, para luego utilizarlos en su estrategia política. Los nuevos comunistas, y sus aprendices, las usan para hacerse con el control de los sindicatos en beneficio propio. Esta oligarquía plagó la actividad sindical de jodas (todas legales) en beneficio de sus sindicatos (fuente de sus ingresos y poder), que perjudican a otros uruguayos. Los ejemplos sobran, pero el reducido espacio de esta columna solo me permite describir tres de ellas.
La primera se aplica en aquellos sectores económicos donde existen condiciones de mercado que permiten a los empresarios comprar paz sindical a cambio de beneficios exigidos por el sindicato. La trampa es sencilla: los costos de esos beneficios se trasladan a los consumidores.
Es esta colusión entre empresarios y sindicalistas la que explica los elevados intereses de los servicios bancarios, el loco precio de los refrescos y cervezas nacionales, y el alto precio de la vivienda, que la vuelve inaccesible para mucha gente. Y lo mismo ocurre con las empresas públicas, que trasladan a sus clientes el costo de los beneficios exclusivos que otorgan a sus funcionarios.
La segunda joda es poco conocida. Se trata de la incidencia de los sindicatos en los concursos internos del sector público. La puedo describir porque fui testigo directo. El caso ocurrió en una empresa pública que incluía la participación de un representante sindical en los tribunales de concurso. Hace unos años participé como asesor externo en un concurso de esa empresa, y vi con asombro cómo el representante sindical le encontró la vuelta para anular el fallo del tribunal, luego que su candidato perdiera el concurso.
El tercer ejemplo es lo que viene ocurriendo en la industria pesquera. La oligarquía que dirige el sindicato pesquero es una de las peores, caracterizada por prácticas mafiosas de apriete, chantaje y violencia física, incluida la afiliación obligatoria de todo marinero para poder trabajar. El año pasado ese sindicato impidió funcionar la industria, ocasionando pérdidas millonarias y dejando sin trabajo a las empleadas de las plantas procesadoras de pescado. Ahora impiden salir los barcos de las empresas que se niegan a cobrar el aporte compulsivo del 3%, que el sindicato exige a los marineros. Con sueldos que llegan a los $140.000 mensuales, estamos hablando de miles de dólares por mes.
Toda esta joda sindical la pagan las personas más vulnerables, esas que la izquierda dice defender: el jubilado usuario del crédito social del BROU que paga elevadas tasas de interés; el gurí del asentamiento que no puede comprarse el mismo refresco cola que bebe el sindicalista; la pareja de jóvenes impedidos de comprar siquiera el monoambiente que el iluminado senador socialista quiere prohibir; la excelente funcionaria que se quedó sin ascender legítimamente porque no era la candidata del sindicato, los marineros que no pudieron navegar o las madres solteras que perdieron sus jornales en la planta procesadora de pescado.
La vieja dirigencia sindical, impulsada por ideales, dejó de existir. Una oligarquía de arribistas se apoderó de los sindicatos.
La “lucha” fue sustituida por la “joda”.