Javier García
La alarma mundial sobre la inminencia de una pandemia por la llamada Gripe Porcina es justificada, y también lo es la preocupación reinante entre los uruguayos.
A los fenómenos estrictamente biológicos que la ciencia enseña sobre las formas de propagación de la misma, los métodos de contagio o como prevenirlo, se agregan los temores naturales que cualquier persona expresa ante algo que los organismos internacionales admiten como un posible desastre sanitario.
La ciencia, muchas veces, no puede explicar correctamente ni convencer a los seres humanos cuando se entra en situación de pánico generalizado, como el que el mundo vive hoy. Es cuando más serenidad se requiere por parte de las autoridades sanitarias y de los gobiernos que tienen la misión de cuidar la salud pública e informar con precisión.
Hasta el momento de escribir esta nota, y por suerte, no hay casos registrados de la enfermedad en Uruguay.
Cuando estas cosas suceden, las sensibilidades afloran junto a los lógicos miedos. Es bueno desde ya decirlo para que no queden dudas, porque además es la conducta que desearíamos existiera en el futuro: si la gripe ingresara al Uruguay nadie podrá, en su sano juicio, culpar al gobierno por ello, las pandemias no muestran el pasaporte en las oficinas de migraciones.
Podrá existir falta de previsión en las medidas necesarias para limitar su impacto, se verá en el transcurso de los próximos días, pero no es serio hacer política menor con estos temas que hacen a la salud y la vida de las personas como producto de fenómenos mundiales que adquieren dinámica propia.
Desde esta columna hemos sido implacables con el gobierno en muchas de sus medidas y lo volveremos a ser cada vez que discrepemos con alguna en temas de interés nacional, y lo hemos sido con la propia ministra de Salud en muchos, pero no estamos para sacar rédito a partir del miedo de la gente. Esta conducta, que está grabada en el ADN de los nacionalistas, es la que corresponde y correspondería en el futuro si ante circunstancias parecidas el actual partido de gobierno estuviera, como estará, en la oposición y el país pasara por circunstancias similares.
Así actuaremos no porque se nos pida ello sino porque es lo que debe hacerse.
Sin embargo, las autoridades no deben confundir con mensajes contradictorios. El lunes 27 en conferencia de prensa que luce en la página web del Ministerio de Salud Pública la ministra afirma, ante una pregunta sobre si recomienda la vacunación, que "ante esta evidencia es que nosotros recomendamos vacunar". Eso motivó que en pocas horas se agotara el stock de vacunas.
Dos días después la misma jerarca, en declaraciones que levantaron todos los medios, afirmó que sólo debía vacunarse la población de riesgo y que la vacuna no proporcionaba inmunidad para esta gripe, cosa sabida. Las autoridades no pueden, en situaciones como éstas, ser contradictorias y agregar incertidumbre.
Tampoco puede el presidente adjudicar, por adelantado, el déficit fiscal producto de un gasto público desmedido en estos años, a la compra de cien mil vacunas que será de US$ 300.000. No debe aprovecharse para justificar un déficit que va a superar el 2% del PBI.
Sepan las autoridades que, si así lo creen conveniente, estamos para ayudar en todo lo que sea necesario. Vamos a enfrentarnos muchas veces, pero esta es una urgencia que requiere unidad nacional.
Es nuestro Uruguay, que es más que nuestro gobierno.