Al cumplir 100 años, Bloomberg le hace una larga entrevista testimonial a Henry Kissinger (HK) quien sin duda es uno de los pensadores políticos más influyentes de tiempos modernos. Vale la pena. Historiador, filósofo y al mismo tiempo hombre práctico y de acción, conviene tener en cuenta sus consejos y advertencias implícitas y explícitas.
A pesar alguna lentitud propia de la edad y de cierta dificultad, en entender la última palabra de algunas frases, la nota periodística no tiene desperdicio. HK abordó varios temas.
Entre ellos, China. Hubo observaciones sobre su pasado y presente. Recordó la inquietud del presidente Nixon de que casi un cuarto de la humanidad se encontraba aislado e inmerso en su pobreza y resentimiento.
China tenía entonces solo dos embajadas accesibles en Polonia y Egipto. Habían cerrado casi todas sus representaciones en su camino aislacionista. Se contactó la sede en Varsovia indicando el interés de EE. UU. en reestablecer contacto. Luego de un tiempo volvió la respuesta. El interés era recíproco. El resto lo recordamos; vino el viaje secreto de HK a Beijing, culminado luego por el de Nixon y HK visitando a Mao. Se cambió el curso de la historia reciente.
Su sucesor Deng impulsó una reforma progresiva -pero sostenida, de orientación capitalista y de mercado- y China comenzó a crecer al 16% anual por un período sostenido, llegando a ser hoy la fábrica del mundo y la segunda economía del planeta. La apertura con EE. UU. iniciada en esa época hizo posible esta formidable transformación.
Y entonces surgieron otros problemas resultado de su éxito y los subsiguientes recelos, y envidias entre ambas naciones. Occidente, terminó subcontratando la producción de muchos componentes críticos. Con el advenimiento de la pandemia, aparecieron los cuellos de botella y la dependencia quedó en evidencia. La cadena de suministros que había funcionado maravillosamente fue interrumpida por demoras, a veces con graves daños a la producción y aumento de costos.
La respuesta fue disminuir y eventualmente eliminar esos riesgos obteniendo alternativas al suministro de productos o partes de China. Fabricar en casa (o más cerca de ella). Esta es la actual consigna. La nueva tendencia ha causado malestar en China y se refleja en un aumento de tensión y sospechas mutuas. Globos supuestamente del servicio meteorológico chino que extraviaron su rumbo fueron acusados de espiar y terminaron derribados por la fuerza aérea norteamericana.
Anteriormente ocurrió la inoportuna visita a Taiwán de Nancy Pelosi, que presidía la cámara de representantes. Esto fue seguido de maniobras navales y sobrevuelos chinos. Se suspendió la programada visita de Blinken a Beijing. Aumentó el clima de animosidad que ya había fogoneado Trump años atrás. Por lo tanto, fue razonable la inquietante observación de HK, que de continuar el clima político actual entre China y EE. UU. es posible se genere un conflicto armado entre ambos. Destacó como importante el diálogo y que cada parte explicite sus intereses centrales prioritarios para de esa forma evitar errores de cálculo.
Como en la adolescencia, cuando los directores espirituales advertían: “evitar las ocasiones próximas de pecado, de caer en la tentación” conminando al devoto a eludir el camino inconveniente.
Aunque se reunieron Sullivan con Wang Yi, asesores de seguridad nacional de ambos gobiernos; Burns (CIA) visitó a sus homónimos en Beijing; Yellen (Tesoro) viajó oportunamente a China, pero el ministro Li Shangfu rehusó establecer contacto (hasta ahora) con su equivalente norteamericano en la Secretaría de Defensa.
Kissinger, recordó dos hechos para tener en cuenta en nuestros análisis: China fue una nación importantísima a lo largo de gran parte de la historia de la humanidad. EE. UU. después de la II guerra mundial llegó a ser de lejos la primera potencia, alcanzando el 50% del PBI del planeta. Hoy día, la cifra llega a un 24%, lo que sigue siendo significativo, pero no es lo de antes y China está de vuelta y exige ser tenida en cuenta como tal.
Contrario a la corriente populista y xenófoba que se ha despertado en los medios, exacerbada por algunos políticos irresponsables, tres capitostes del empresariado norteamericano han mostrado otro camino y son nada menos que James Dimond de JP Morgan Chase; Elon Musk de Tesla y Bill Gates de Microsoft, recibidos con gran deferencia en China y el último de ellos fue agasajado por el mismo Xi. Finalmente se reprogramó el reciente viaje del secretario de estado Blinken para verse con el canciller chino y he aquí que también fue recibido por Xi, como muestra de consideración e interés en continuar el acercamiento.
Parte o todo ese esfuerzo se puso en juego cuando el presidente Biden trató de dictador a Xi en un reciente comentario público, una afrenta gratuita y contraproducente que tuvo una repercusión inmediata por parte del gobierno. Muchos deseaban que esta calificación de Biden fuese olvidada pero en la conferencia de prensa brindada en ocasión, nada menos, que de la visita del primer ministro indio Modi, un periodista la recordó en su pregunta a Biden, obligando a referirse a lo que obviamente fue una importante metida de pata de este octogenario.
El incidente demostró y subrayó una falla importante en el gobierno de EE. UU. Era realmente innecesario e inconveniente calificar así al presidente chino y desandar el camino que había emprendido con cierto éxito, su canciller. Eso se da típicamente con algunas personas que han sobrepasado cierta edad. Pero no se perfila nadie para disputarle la reelección en su partido, salvo Robert Kennedy jr. que infortunadamente padece de una limitación. Su voz esta afectada por una seria afición que limita su llagada al público. Otro ejemplo reciente de lo dicho son las expresiones de Lula, excusando a Maduro por lo que pasa en Venezuela: “es un relato” (lo de los 6 o 7 millones de venezolanos que han huido del país), de los cuales decenas de miles lo han hecho por su frontera.
La manera de elegir y remplazar a nuestros líderes en el sistema democrático, a menudo deja bastante que desear.