Hace dos siglos, por estos días llegaban al Río de la Plata noticias preocupantes desde el Brasil. Del 10 al 14 de noviembre de 1805 había arribado al puerto de Bahía, una flota inglesa que escoltaba 61 transportes con más de seis mil soldados a bordo. El comandante de esta fuerza era el comodoro sir Home Popham.
El breve período de paz entre Gran Bretaña y Napoleón iniciado con la Paz de Amiens, suscrita el 27 de marzo de 1802, había llegado a su fin. En mayo de 1803, Londres declaró la guerra a Francia. Aunque España permanecía neutral, el Virreinato del Río de la Plata pronto se vio envuelto en aquella confrontación a escala global. Uno de los episodios más dramáticos tuvo lugar el 15 de octubre de 1804.
Un convoy de cuatro fragatas de la Real Armada (Mercedes, Medea, Fama y Clara), comandado por José Bustamante y Guerra, partió el 9 de agosto de 1804 del puerto de Montevideo con destino a Cádiz. Transportaba un valioso cargamento de mercaderías, lingotes de plata y dinero perteneciente al Estado español. También viajaban en ellas varias familias, incluyendo el Capitán Diego de Alvear con su esposa y siete hijos menores. Durante la travesía, encontraron otros buques que confirmaron que España se mantenía neutral en la guerra entre Gran Bretaña y Francia. Cuando la cercanía del Cabo Santa María anunciaba la finalización del viaje, el convoy encontró, esperándolo, a una fuerza superior británica, cuyo comandante le informó a Bustamante y Guerra que tenía ordenes de interceptar y "detener" sus buques para conducirlos a Inglaterra. Por las buenas o por las malas.
El comandante español se enfrentó a un terrible dilema. Por una parte, sus fragatas eran de menor porte y armamento, tenían a bordo civiles, venían cargadas con mercaderías y viajaban en son de paz. Por la otra, si arriaba su bandera sin combatir, la noticia sería que cuatro fragatas de la Real Armada española se habían rendido sin combatir a una fuerza de igual número de unidades inglesas. Lo que sería una humillación inaceptable.
Algo que no se le había escapado al almirante Nelson, quien entonces estaba al mando de una flota que vigilaba el estrecho de Gibraltar. Comprendiendo que la única forma de conseguir "detener" el convoy español sin derramamiento de sangre era mediante la presencia de una fuerza muy superior, Nelson destacó a uno de sus buques de línea, el Donegal, de 74 cañones, para reforzar el escuadrón encargado de interceptar las embarcaciones españolas. La presencia de un buque de ese porte habría sido un argumento convincente para los españoles que les habría permitido capitular sin deshonra. Lamentablemente el Donegal llegó demasiado tarde.
Luego de consultar a los jefes y oficiales de su buque, Bustamante y Guerra resolvió combatir. A los pocos minutos voló la fragata Mercedes, pereciendo 249 de sus tripulantes y pasajeros, incluyendo la familia de Alvear. Solamente se salvaron el padre y uno de sus hijos, Diego de Alvear. Los restantes navíos españoles debieron arriar su bandera poco después.
La flota inglesa que había hecho escala en el puerto de Bahía zarpó el 26 de diciembre de 1805. No puso rumbo al Río de la Plata, como se había temido, sino hacia la colonia holandesa del Cabo de Buena Esperanza. La misma capituló el 18 de enero de 1806. El ambicioso Home Popham quedaba ahora libre para emprender otro proyecto, esta vez en el Río de la Plata...