Ignacio De Posadas
Ignacio De Posadas

No me gusta lo de la Jutep

El asunto de los cargos de confianza y afines es complejo y variado.

Hay una realidad en nuestro país, no exenta de cierta ironía, por la cual, como la política no es una actividad lucrativa —a diferencia de lo que ocurre en otros lares— impone serias restricciones y riesgos económicos a quienes la practican y los lleva muchas veces a recurrir a redes de salvación encarnadas en designaciones, cargos de confianza y otras yerbas, para poder sobrevivir. No es fácil para un líder decirle a su gente: "larguen todo y vengan a trabajar conmigo, sabiendo que si no gano, quedan en la palmera". No suena bien, ni queda muy pulcro y en ocasiones resbala a situaciones de acomodo y corrupción, pero tampoco es tan blanco y negro. En todo caso, la responsabilidad es de las personas que actúan y el marco para juzgarlas es el sistema democrático y la ley.

Para ser exacto, no me gusta nada todo este catereté de corruptelas y moralinas.

Todos estos episodios, de surtidores de nafta, parientes, novias, parejas y consuegros, ha devenido en una obra de teatro con mucho de farsa, lamentable, pero también potencialmente riesgosa.

Muchas de las cosas ventiladas no están bien y el cuadro general hace daño al sistema democrático. Pero no quiero que eso nos lleve a una democracia que instaura, por encima de sus mecanismos constitucionales, una autoridad con olímpicos poderes éticos y el comunicado de la Jutep del 21/2 revela ideas y propósitos por momentos alarmantes:

"Muchas de estas situaciones violan… disposiciones vigentes… pero… queremos ir más allá: hay conductas que sin estar explícitamente prohibidas agreden las legítimas aspiraciones de la ciudadanía con respecto a las normas que deben regir la conducta de quienes ocupan cargos públicos".

"…hoy estas conductas resultan inaceptables para … este Directorio".

La Jutep ha resuelto "profundizar en lo que los funcionarios públicos no deberían hacer aunque no esté formalmente prohibido". (su-brayados míos).

Así que, además de la judicialización de la política ahora tendremos la "jutepización". Por encima y por fuera de los mecanismos constitucionales de funcionamiento de la Democracia vamos a tener algunas personas erigidas en custodios morales, sin haber sido elegidos para ello, ni tener que responder democráticamente por su accionar.

A tal punto llega la equivocación que la Jutep ya se autoconsagró como la intérprete auténtica (y superior) de un mandato popular implícito (algo parecido a aquel "apoyo tácito", de triste memoria). Así, dice el mentado comunicado: "… hemos considerado imprescindible analizar el tema en profundidad y trasladar las comunicaciones a la ciudadanía, entendiendo que es a ella que debe responder la actuación de esta Junta". Más claro… La Jutep está por encima de todos los órganos de funcionamiento institucional de la Democracia. Se debe solo al pueblo.

¡Qué malos recuerdos trae!

El episodio del Presidente que pide a la Jutep le diga si puede conservar a su consuegro como chofer, ha puesto en evidencia lo disparatado de todo el planteo. Luego de reiterados pedidos del mandatario, la Jutep no se animó a dictar sentencia ética, pero aterrizó en un pronunciamiento apenas menos inconveniente. Admite que no se violaron normas y se abstiene de determinar la ética en cuestión, pero desemboca en algo todavía más absurdo, diciéndole al Presidente que mejor eche al consuegro porque su contratación ofende "la sensibilidad existente en la ciudadanía".

La situación llega al límite de lo ridículo en los Considerandos V y VI de la Resolución de Presidencia, (que termina cesando al consuegro). Allí, el Dr. Vázquez se agravia de la "evidente contradicción" en que habría incurrido la Jutep (V) y su "omisión en responder" (VI). En definitiva, el Presidente sometió su autoridad institucional a un organismo carente de potestades; que se considera (único), intérprete auténtico de la sensibilidad de la ciudadanía, pero que no satisfizo las intenciones presidenciales de ser sustituido en la decisión. Terminó en sainete, pero no es tema baladí.

Lo menos que se puede pedir a un hombre público es criterio, (ni hablar al Presidente de la República). Pretender tercerizar eso es lamentable: o bien se trata de una confesión del Dr. Váz-quez de que carece de criterio ético o es una jugadita popu (que le salió como la de la vereda del MGAP).

Sea como fuere, es peligrosa: el Presidente consagró a la Jutep ya no solo como supremo fiscal ético, sino, además, como máximo intérprete de la "sensibilidad ciudadana". ¿Qué pasará cuando la Jutep, ante una decisión presidencial, sin esperar a que la consulten, le diga que se rectifique? ¿Por qué no, si en definitiva no hay norma procesal que acote los dictados de la Jutep a solicitud de parte? Pero, además, si ya el Presidente se sometió a la Jutep, deberán seguirlo todos los jerarcas y funcionarios del Estado.

Mejor volvamos a nuestra constitución: "ningún habitante de la República será obligado a hacer lo que no manda la ley, ni privado de lo que ella no prohíbe". (art. 10).

Para lo demás, está la ciudadanía con su voto. Sin curadores éticos.

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