Ideología y productividad

RICARDO REILLY SALAVERRY

La evolución exponencial de la ciencia y la tecnología siempre modificó la realidad del trabajo humano, y cada vez más que antes. Una sostenida realidad permite apreciar que el mercado de trabajo en todas las actividades vive modificaciones constantes. Y, una consecuencia de ello es que crece el número de trabajadores de "cuello blanco", al tiempo que decrece el de los de cuello azul, expresiones con las que se alude tradicionalmente a los empleados de los servicios y a los de planta industrial respectivamente.

Y la idea de la productividad vale para todas las actividades desde la producción de materias primas, pasando por la transformación de las mismas, y los servicios, hasta llegar a las maravillas electrónicas de progreso cotidiano.

Simplificando una definición puede decirse que la productividad pasa por producir más, mejor y más barato. Lo que vale para el mercado internacional, la economía nacional, hasta llegar a unidades económicas de menor envergadura.

Hoy se produce en la agropecuaria con nuevas técnicas, lo mismo en las industrias, la construcción, la hotelería, etc. Y en buena medida se produce más con menos gente y más incorporación de tecnología.

Hay dos factores que concurren en la búsqueda de mejores soluciones de producción. Uno es el recurso humano, considerando especialmente a quienes se ubican dentro del trabajo subordinado, el otro es la incorporación de nuevas tecnologías en la acepción más amplia de estas palabras.

Frecuentemente, la negociación entre empleadores y sindicatos choca con la determinación de cuánto se debe adjudicar a unos y a otros en el mejor desempeño de un establecimiento.

No obstante, hay técnicas que permiten llegar a resultados certeros para determinar lo que cabe imputar a cada factor en la mejor producción.

Incluso hay modalidades simples que apuntan a un mejor rendimiento laboral como lo son las retribuciones por comisión en el comercio y el destajo, el pago por piezas efectivamente producidas en la industria.

Un punto gravitante apunta a las mejoras en los niveles salariales y se sostiene que los aumentos a negociar vinculados con el costo laboral, deben ser contra una mayor productividad.

De otra forma, los aumentos impuestos bajo medidas de lucha que desconocen un sustento razonable y posible, conducen a incrementos que muchas empresas no pueden absorber y derivan hacia cierres totales y parciales de fuentes de empleo.

Un ejemplo muy reciente de esto ha sido entre nosotros el de la industria metalúrgica que tras un largo y violento conflicto sindical impuso condiciones de trabajo que al poco tiempo han derivado a la pérdida de cientos de puestos de trabajo, por no estar asentados en una mayor productividad.

En nuestro país, la dirigencia sindical no mira con mayores simpatías a las ideas que se vienen aludiendo, guiándose por una actitud de fundamentos ideológicos arcaicos, clasistas y de escasa bondad para aportar constructivamente a una realización democrática y social de progreso cierto.

Lo que está claro es que la materia tratada no una cuestión ideológica, sino de inteligencia, estudios técnicos serios y concreción práctica. Y que beneficia a todos los actores sociales por igual.

Serían buenos avances urgentes en el tema.

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