Así se llama una canción, de las más exitosas, del rapero americano J Cole. Sí, ya sabemos, también la novela de Charles Dickens, aunque no somos muy “fans” del autor inglés. Pero hay una línea del tema de J Cole que resonaba esta semana, y que dice: “Cualquiera es un asesino, solo hay que empujarlo hasta su límite”. Y resonaba por las noticias de dos ciudades: Gaza y Santiago de Cuba.
Seguramente no hace falta recordar al lector qué pasa en esas ciudades. En Gaza, hay una guerra donde el ejército israelí enfrenta calle por calle a las milicias del grupo terrorista Hamás, que usa la infraestructura y a la población civil como armas en su batalla militar y de opinión pública.
Este conflicto, que explotó tras la sangrienta incursión de Hamás el 7 de octubre, donde asesinó, violó y secuestró a miles de israelíes, ha tenido masiva cobertura mediática. No hay día en que los informativos y los diarios, no dediquemos eternos espacios a informar sobre lo que ocurre allí. Con sesgos , realmente llamativos.
Por ejemplo, todos los medios dan por buenas las cifras de muertes y heridos que brindan los corresponsales locales y las agencias de la ONU. Eso pese a que los mismos están manejados por palestinos que tienen un alineamiento muy claro con uno de los bandos. Los bochornos protagonizados por el New York Times, agencias como AP, o de la ONU como la Unrwa, no han evitado que todos repitan acríticamente lo que de allí se emite. Papelones como el de aquel hospital que habría bombardeado Israel dejando 700 muertos, que después resultó había sido un misil de la Jihad Islámica, y los muertos eran decenas. O la comprobación de que fotógrafos de AP, y agentes de la ONU habían participado directamente en la masacre de la rave Supernova, y en el secuestro de civiles israelíes.
La realidad es que los medios y la cloaca de las redes están dominados por una narrativa donde millones de inocentes civiles palestinos están al borde de la inanición debido a la malvada ocupación israelí. De nuevo, aunque Israel no ocupa Gaza desde 2005 (y antes lo hacía porque les ganó no una, ni dos, sino tres veces, guerras que habían comenzado los propios árabes). Aunque la mayoría de la ayuda que llega a Gaza viene de Israel. Y aunque muchos de esos mismos civiles “inocentes” festejaban como un partido de fútbol la llegada de civiles israelíes secuestrados.
La guerra es un espanto, pero ¿cómo reaccionaríamos nosotros si un día, por decir algo, entrara un grupo armado de Brasil y matara a 4.000 uruguayos, mujeres y niños incluidos? La proporción poblacional es más o menos esa. ¿Pediríamos moderación y proporcionalidad? Si tiene oportunidad (y estómago), vea algún videíto de lo que pasó en los kibutz cerca de Gaza y nos cuenta si eso no es llevar a alguien al límite.
¿Que antes la cosa no era fácil para los palestinos? Claro que no. Pero ¿quién se ha negado desde el 48 a aceptar, primero la resolución de la ONU, y luego cada propuesta de paz que ha surgido?
A miles de kilómetros, y en el paradisíaco Mar Caribe, la historia de otra ciudad es casi tan trágica. Las imágenes que se han visto por estos días de Santiago de Cuba muestran a una población famélica, desesperada, enfrentando la represión furibunda al grito de “corriente y comida”. Corriente, porque los apagones que afectan a la isla se han vuelto casi permanentes, impidiendo cosas tan básicas como conservar un litro de leche. Eso, si hubiera leche. De ahí el segundo grito, porque el hambre que se padece en el “paraíso socialista” es tal, que el gobierno ya ni puede garantizar el pedazo de pan diario que promete la libreta de racionamiento.
De nuevo, si tiene oportunidad (y estómago) busque los videos con los reclamos de la población civil cubana. Porque solo viendo esos cuerpos escuálidos, esa miseria aplastante, se entiende cómo esa gente se anima a enfrentarse a feroz la policía secreta del régimen cubano. Un régimen que llegó hace 60 años prometiendo el cielo en la tierra, y hoy hambrea y reprime ferozmente a su propia gente, siempre justificando su fracaso en culpas ajenas. Nadie se puede sorprender si en cualquier momento allí se vive un estallido de violencia. Los cubanos, sin duda, están siendo empujados a su límite.
¿Algo llamativo? Hay gente muy relevante en Uruguay que organiza marchas y protestas para condenar la reacción de Israel tras el ataque palestino pero, al mismo tiempo, emite comunicados para defender el accionar del gobierno cubano. ¿Usted lo puede comprender?
“Fue el mejor de los tiempos, fue el peor de los tiempos, fue la era de la sabiduría, fue la era de la necedad, fue la estación de la luz, fue la estación de la oscuridad”, dice Dickens en el arranque de su “Historia de dos ciudades”. Siempre nos pareció un estilo un poco relamido, si se quiere, cursi.
Pero bastante apropiado para describir el momento que nos toca vivir.