El actual Gobierno parece no darse cuenta de que gobernar es tomar decisiones, resolver, ejecutar. Justamente, la propia denominación del Poder Ejecutivo implica la importancia de realizar, avanzar, construir.
El tiempo de la planificación es el tiempo de la elaboración de los proyectos de programa de gobierno. Es el tiempo de presentar el Plan de Gobierno cuando se le pide el voto a la ciudadanía cuando se le presenta una propuesta porque se sabe lo que se quiere hacer y se está dispuesto a que, si es electo, lo ejecute.
Sin embargo, transcurrido un año, en apenas un mes y medio tenemos tres iniciativas impulsadas con muchos bombos y platillos que, sin embargo, refieren básicamente a la elaboración de planes, estrategias o congresos. En fin. La ciudadanía espera realizaciones, logros, concreciones; mientras que el Gobierno ofrece diálogos, intercambios, procesos de análisis, discusiones.
Es como si no se entendiera que el tiempo de las propuestas se terminó en la campaña electoral. Y, por cierto, el Frente Amplio desarrolló su discurso de campaña sobre la base de que tenía las respuestas a todos los problemas del país.
Cuestionó duramente lo realizado por el Gobierno de la Coalición Republicana tanto en materia de seguridad como con respecto a las políticas sociales y la educación.
Sin embargo, transcurrido más del 20% del tiempo de gobernar, nos anuncia un Plan de Seguridad que se demoró un año entero en construirse que no es técnicamente un plan, sino que se trata de un extenso listado de posibles medidas, las que en muchos casos se señala que ya se venían cumpliendo desde tiempos anteriores. En particular destacamos por su gravedad, que no cumplió con su promesa de crear dos mil cargos de policías adicionales y ha “jugado a la mosqueta” con la provisión de vacantes.
Como se sabe, pero a veces es fácil confundir, cubrir una vacante no implica aumentar el número de efectivos policiales, sino simplemente completar el cuadro de efectivos preexistentes.
No se aumentaron los efectivos policiales y, peor aún, se han redistribuido en el territorio de tal forma que se está produciendo una preocupante reducción de personal en varias zonas del interior del país. Por otra parte, y frente a la explosión indisimulable del número de personas en situación de calle, salió “medio a la disparada” a presentar una Estrategia Nacional para enfrentar estas situaciones.
Nuevamente se redacta un documento de propuestas, la mayor parte de ellas sin ejecución, que si se suman todos los recursos que implicaría su cumplimiento, no alcanzaría el presupuesto de todo el MIDES para cubrir las medidas anunciadas en estos días. Incluso algunas de las acciones presentadas se prometen para el 2028, sí aunque parezca mentira, recién para el penúltimo año del período de gobierno.
En síntesis, también en este tema, se trata de anuncios, planes, posibles acciones futuras que, además, en este caso su costo de implementación, a simple vista, implica una disposición de recursos que no están presupuestados.
Finalmente, y de postre, se convoca a un Congreso Nacional de Educación con una participación multitudinaria de organizaciones, gremios y grupos para abrir un debate que se prolongará por un tiempo extenso, para arribar a conclusiones que luego deberán transformarse en medidas de política educativa.
Otra vez, la misma lógica, convocatoria para discutir, proyectar, acordar y quizás más adelante ejecutar las acciones educativas.
Hace décadas que sabemos que es necesario realizar un gran cambio educativo y este comenzó a ocurrir durante el gobierno de la Coalición Republicana. Pero al llegar el nuevo gobierno lo que está ocurriendo es un grave proceso de desmontaje de los cambios iniciados y, en su lugar, la propuesta de un Congreso para ver qué van a hacer. Como si la transformación educativa no fuera una prioridad urgente en la realidad de nuestro país.
Mientras tanto, generaciones de niños, niñas, adolescentes y jóvenes transcurren su vida en el sistema educativo o simplemente rebotan y terminan desertando de la educación formal sin que la educación se haya puesto definitivamente al día. No hay caso, el actual gobierno, mucho más que cualquiera de los tres gobiernos anteriores del Frente Amplio, en vez de gobernar y ejecutar convoca a grandes diálogos e instancias de debate e intercambio para luego, nunca sabremos cuándo, acordar las medidas de gobierno.
Este es el tiempo de gobernar no de planificar lo que se va a hacer. En todo caso queda en evidencia que el Frente Amplio vendió una imagen de cambio que no estaba respaldada en definiciones claras. Hoy esto queda en evidencia de manera categórica. Y todavía quedan cuatro años por delante.