MARÍA JULIA POU
No es noticia nueva que la energía es un problema en nuestra región y en nuestro país. Pero sí es inminente la amenaza de restricciones que a partir de ahora nos acecha a los uruguayos y es perentorio el plazo para diseñar políticas energéticas de largo aliento.
La matriz energética de nuestro país es conocida. Una gran dependencia de la hidroeléctrica hace que para nosotros la falta o abundancia de lluvia sea vital.
Es alrededor de esta circunstancia que desarrollaremos nuestro comentario, más allá de algunos aspectos tragicómicos que el asunto ha provocado.
Aunque parezca mentira, hemos leído propuestas muy pintorescas acerca del ahorro de energía eléctrica. Si el tema no fuera grave, cabría reírse estrepitosamente ante el consejo de que no se use corbata para no pasar calor y por ende no prender el aire acondicionado. ¿No lo cree?, pues así fue.
De ahí a la venta subsidiada -costumbre arraigada en el gobierno actual- de abanicos, media solo un paso.
Más sustancial parece la crítica de los colegas de este diario a la medida de adelantar o atrasar la hora, que ha determinado que los aparatos refrescantes y grandes consumidores de energía, se enciendan más temprano.
El avance técnico ha llevado a que el concepto antiguo de que el invierno era la estación de mayor consumo eléctrico se haya revertido por la costumbre cada vez más difundida de enfriar -a veces hasta el extremo malsano de congelación de ambientes- las casa u oficinas.
Ya se sabía, atendiendo a la experiencia de Buenos Aires, que así ocurriría. La capital porteña consume más electricidad en verano que en invierno, justamente por ese avance y difusión de los ubicuos -salvadores en los días más sofocantes- pero gastadores aparatos.
Si se sigue el consejo oficial de solución por la vía de indumentaria no estará lejos el día en que la brevedad de las vestiduras llegue a convertir las oficinas en playas atrevidas y audaces…
En un tono más serio, el hoy es hijo del ayer y el mañana del presente.
Estamos cosechando lo que se sembró en la década del treinta en el primer embalse, así como las pioneras decisiones que nos trajeron posteriormente Salto Grande y Palmar…. Pero desde entonces sólo se han tomado medidas cortas y de alcance meramente remedial.
La urgencia en comenzar achicar el plazo para esperar. La amplitud de mente como para innovar abre las puertas a las soluciones. El librarnos de las limitaciones en la generación privada de energía, es el primer y más rápido paso hacia la diversificación de la oferta.
La biomasa espera que se libere totalmente su utilización para que se genere energía a partir de distintas y nuevas fuentes, así como está pendiente el análisis sin preconceptos de la utilización de la energía atómica.
Lo del título: gobernar es prever, y en ese sentido se impone el planificar políticas de Estado y consensos pensando en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones.
No deberíamos abandonar este tema aunque la lluvia viniera a darnos un alivio.
La otra alternativa será seguir promoviendo eliminar prendas del vestir o ensayar la danza de la lluvia… pero tenemos derecho a esperar y exigir otra responsabilidad del gobierno.