Fue en Cerro Chato, en la década del 20. La localidad quiso pasar a ser pueblo y, por estar entre dos cuchillas, y recostada sobre el río Yi, pertenece a tres departamentos. Dicen que en un billar, había quien tiraba una carambola en Florida, y la hacía en Treinta y Tres.
El Poder Ejecutivo estableció que se haría una consulta a los pobladores para decidir adonde querían pertenecer, y votarían todos, incluso las mujeres y los extranjeros residentes.
Sería la primera vez que las mujeres votaran en Sudamérica. Las cerrochateñas hicieron campaña: se organizaron, escribieron, armaron comisiones, no fue que hicieron lo que les decían sus maridos. La primera en inscribirse fue Rita Ribera, una morena inmigrante de Brasil, de 90 años.
La noticia del voto de la mujer recorría el país y era motivo de debate. Luis Alberto de Herrera, la socialista Paulina Luisi y los batllistas, todos tuvieron que ver con que sucediera.
Las primeras en votar el 3 de julio de 1927 fueron Martina Fros en la mesa A y Justa Jacinta Sánchez de Santana en la mesa B. A 100 años del hecho, Uruguay debería tomarlo como una bandera, porque somos, en esto como en otros hitos, un país de vanguardia. Para dar un poco de contexto, en Suiza la mujer votó por primera vez en 1971.
Fue en Cerro Chato. Marcamos un mojón en la historia, y fue en el mal llamado `interior´. Se dio en esta localidad, que hoy tiene unos 4500 habitantes. Es relevante que haya sido en Cerro Chato. A riesgo de caer en obviedades, hay que volver a decirlo: en Uruguay hay desigualdad territorial.
Vivimos en un país montevideocentrista. Las oportunidades no son las mismas para quien nace en la capital o a pocos kilómetros de ella, y más difícil aun la tienen quienes nacen al norte del Rio Negro. Se podría conjeturar por qué este plebiscito no suele enseñarse en los liceos, y también tiene que ver con el papel que se les da a los historiadores locales. Publicamente, se maneja información errónea, que es la que circula en la web. Recién el año que viene van a salir libros importantes sobre el tema.
Hay otra dimensión interesante. Lo que pasó en Cerro Chato marcó, para bien, a la localidad. Es un lugar donde las mujeres tienen relevancia, incluso hay más mujeres en cargos políticos de lo habitual.
También en la zona, hacia Santa Clara de Olimar, fue que se armó el primer grupo CREA de mujeres: La Novena, que está por cumplir 40 años. Sucedió que había varias mujeres dueñas de campo que no querían dejar la gestión en manos de su marido o sus hijos o un hermano, y se nuclearon. “Nos llamaban `el Crea de las mujeres´”, dice Raquel Saravia, una de las fundadoras y que llegó a ser, años después, presidenta de FUCREA. “Antes, aunque el campo fuera de la mujer, lo manejaba el hombre. Fue singular porque además de ser dueñas, nos interesaba gestionar”, reflexiona.
Quizá sea tierra de mujeres rebeldes. En 1927, como el resultado del plebiscito no era vinculante, no se tomó en cuenta y desde entonces hasta hoy la localidad sigue perteneciendo a los tres departamentos. El día se celebra y punto. Es pintoresco e importante Cerro Chato, porque está la plaza con los 3 departamentos y porque tienen una cuota de libertad que hace que quien quiera puede votar en un departamento, pagar la patente en otro y la contribución en un tercero.
Los historiadores locales Julio Gómez e Dwight Lago Zeballos y las fuerzas vivas lograron que no se derrumbara el edificio donde ocurrió el hecho histórico y se montara un precioso museo.
El escribano Gómez vive frente por frente al Museo; Ike, como llaman a Lago Zeballos, es bisnieto de Bernardina Muñoz, sufragista y activista. Bernardina es de los Muñoz de Basilio Muñoz, general y hombre de confianza de Aparicio Saravia. Fue oradora en un acto -la fundación del Club Gumersindo Saravia en 1896- y Presidente de la Comisión de Damas pro anexión de Cerro Chato a Treinta y Tres.
Es zona de preciosos campos y paisajes, con valores históricos y arquitectónicos: la Capilla de Farruco, las mangueras de piedra, la estancia “El Cordobés” que perteneció a Saravia; en Santa Clara, la casa donde vivió Juana de Ibarbourou, la Iglesia, su “camposanto´ y, ya rumbo a Melo y el Olimar, esas tierras que dieron tantos poetas y músicos.
Este viernes 3 de julio el encuentro será en el Museo; asistirán los tres intendentes: Carlos Enciso (Florida), Felipe Algorta (Durazno) y Mario Silvera (Treinta y Tres) y se anunció la presencia de la vicepresidenta Carolina Cosse. Los historiadores tendrán la voz cantante. Es relevante, porque aunque se afirma que deberíamos darle más voz a los historiadores locales, casi nunca sucede. Tanto la academia como la prensa no abren el juego y se consulta siempre a los mismos tres o cuatro nombres. El valor del historiador local, que muchas veces tiene información que nadie más tiene, suele morir en la orilla.
Gracias a ellos, también, podremos probar El Rendimiento, una receta del siglo XIX, “una comida de los caminos”, un guiso, servido en las postas de diligencia, emparentada con los guisos carreros del norte argentino y con el carreteiro de charque del Río Grande do Sul. Es “comida de los pobres”, porque se hace con lo que hay a mano. Lleva carne de capón, cebolla, morrón, papa, grasa de cerdo y también arroz, y de ahí el ´hacer rendir´.
Los cerrochatenses cultivan la hospitalidad en el Uruguay profundo, y son una localidad rebelde pero pausada en sus costumbres. Parece una buena fórmula. Hablemos, entonces, de Cerro Chato, y de la mujer en el Uruguay. De lo mucho que queda por hacer. Con estos cien años allí nomás, pongamos una cuota de rebeldía, a ver cómo y cuánto podemos cambiar las cosas.