Fantasía y realidad

SEGUIR
MARTÍN J. BUENO
Introduzca el texto aquí

Luego de meses de no encontrar un claro rol opositor, el Frente Amplio liderado por un renovado y extraño Fernando Pereira, finalmente ha logrado resolver las dificultades de su posicionamiento político.

El proceso de resolución ha sido simple, dado que la realidad relativa a la gestión de gobierno no se adapta a su imaginario sobre lo que sería el mandato de Luis Lacalle Pou, simplemente han prescindido de la realidad.

En tal sentido, el relato sobre el fracaso del modelo y la insaturación de un modelo “neoliberal y excluyente” se repite al unisonó, sin posibilidad alguna de intercambio o línea argumental que lo justifique.

Este posicionamiento, prescindente de la realidad, constituye un enorme retroceso en la madurez de nuestro sistema político, el cual se ve obligado a aplicar sus energías en debates estériles y muy alejados de los reales problemas de nuestro “Modelo Uruguay”.

No hay dudas que existen profundas y legítimas diferencias en los modelos de gestión y en las perspectivas con las cuales se llevan adelante las políticas públicas. Sin embargo, es necesario reconocer que en nuestro país existe un “Modelo Uruguay” incólume y de asombrosa estabilidad.

El posicionamiento del Frente Amplio, además de fomentar el enfrentamiento azuzando consignas de otro siglo, nos aleja de un debate útil y por el contrario nos estanca en una acalorada e inconducente discusión, que nada hace a la realidad estructural del Uruguay.

A modo de ejemplo; el sistema tributario vigente en Uruguay es aquel diseñado sobre la premisa “que pague más el que tiene más”. Parece extraño que un “modelo excluyente” no haya intentado modificar un sistema tributario fundamentado en tal supuesto.

El sistema de salud de una fuerte base solidaria y contributiva se encuentra intacto, y el tan publicitado desmantelamiento de las empresas públicas es una ficción. Estas se administran a todo vapor, siendo su gestión y eficiencia pieza central de la política económica y electoral de este gobierno.

La reforma del estado se ha transformado en el cuidado de los dineros públicos y mejora de su gestión, sin eliminar repartición alguna ni mucho menos cuestionar privilegios adquiridos; nadie ha osado referirse a funcionarios “excedentarios” o reparticiones anacrónicas a ser eliminadas.

No se ha incursionado en una tan necesaria reforma laboral, por el contrario, se mantiene intacta la estructura de legislación laboral, aprobada y pensada para un mundo fabril inexistente.

Adicionalmente, los fantasmas sobre la derogación o recortes a las leyes de interrupción de embarazo, legalización de la marihuana, matrimonio igualitario o violencia de género, notoriamente fueron simples “cucos” de campaña.

Nuestro país tiene en plena vigencia el inexpugnable “Modelo Uruguay” con todas sus virtudes y defectos, con todos sus ganadores y perdedores, afirmado sobre una sociedad conservadora y reaccionaria a cualquier cambio.

Uruguay esta obligado a debatir sus carencias estructurales, las cuales nos acompañan hace por lo menos medio siglo. Focalizar el debate en realidades imaginarias, podrá tener réditos electorales, pero daña enormemente las posibilidades de enfrentar con alguna chance de éxito los desafíos que aún no hemos resuelto.

¿Encontraste un error?

Reportar

Temas relacionados

premiumMartín J. Bueno

Te puede interesar