Aunque se lograron éxitos valiosos, aumentan los nubarrones en el futuro de las ballenas del mundo. Al finalizar la 57 Reunión Plenaria de la Comisión Ballenera Internacional (CBI) en la ciudad coreana de Ulsan, se mantuvo la moratoria a la caza comercial de todas las ballenas.
Dicha prohibición fue aprobada en 1982 e implementada en 1986. Pero, desde entonces algunos países han tratado, una y otra vez, de eliminarla. La nación líder en la caza de ballenas es Japón. Año tras año ha violentado la moratoria recurriendo al argumento de "caza científica" como forma de legalizar el sacrificio de unas cuatrocientas ballenas minke por año. Desde luego los "estudios" realizados en tantos ejemplares, no le impide abastecer con sus valiosos restos a la industria alimentaria japonesa. Al finalizar la reunión anual de la CBI, Japón anunció sin ningún prurito que cazará nada menos que un centenar de grandes ballenas (rorcuales, jorobadas), y duplicará sus capturas de ballenas minke elevando la matanza a 850 ejemplares, siempre en aras de la ciencia.
A éstos anuncios debemos agregarle otro hecho muy preocupante. Se trata de una estrategia política que nada tiene que ver con la ciencia ni con la conservación. La idea es convencer a países en desarrollo de votar a favor del restablecimiento de la caza comercial de ballenas, a cambio de asistencias económicas. Al mismo tiempo sigue negociando el ingreso de otros a la CBI, con el mismo fin.
De esa forma las supuestas cacerías científicas actuales serían legales y, desde luego, podrían aumentarse de manera considerable. No es necesario aclarar que el bloque cazador liderado por Japón, se opone sistemáticamente al mantenimiento o creación de santuarios de ballena. En ese sentido, duele observar que nuestros hermanos costeros del Mercosur libran una dura batalla a favor de la creación del Santuario Ballenero del Atlántico Sur, con el objetivo de proteger parte de nuestro patrimonio faunístico, mientras Uruguay sigue, por decisión propia de nuestras autoridades, fuera del CBI y sin respaldar esa excelente propuesta. Por no pagar la cuota anual de miembro, desde hace veinte años no participamos de las reuniones donde se decide el destino de nuestros recursos vivos. Para el Ministerio de Ganadería esta no es una prioridad, aunque recae sobre sus hombros la responsabilidad de proteger la diversidad biológica nacional. No cabe duda de que en todo esto inciden algunos aspectos singulares de la cultura uruguaya. Somos un pueblo costero pero que, en buena medida, nos hemos desarrollado de espaldas al mar.
En la conciencia de la gente es muy posible que ni siquiera se sepa que recorren nuestras aguas varias especies de ballenas. Lo que no conocemos ni sentimos como propio, nunca será prioridad. Pero aún ciñendo nuestro análisis a aspectos puramente económicos, nuestro país cuenta con un excelente potencial para desarrollar el turismo de avistaje de cetáceos, un renglón que genera enormes cantidades de dinero a lo largo y ancho del mundo. Uruguay enclavado en el santuario ballenero del Atlántico Sur fortalecería su buena imagen internacional de país natural. La batalla más dura está por librarse en la próxima reunión de la CBI. Japón anuncia que para entonces contará con los votos que necesita. Y es probable que así ocurra. En lo que a nosotros respecta, no podemos seguir como simples espectadores mientras otros deciden el destino de un sector importante del patrimonio biológico nacional.