En forma casi silenciosa se siguen negociando los alcances y aplicaciones del Convenio sobre la Diversidad Biológica. Uno de sus aspectos más críticos es el relacionado con el acceso a los recursos genéticos y la distribución de los beneficios que se obtengan de ellos. No es necesario aclarar que en materia del aprovechamiento comercial, científico y tecnológico de esos recursos, nuestra región siempre ha sido fuente casi inagotable de ellos, aunque nunca ha recibido una parte de los beneficiarios.
Es más, empresas e instituciones extranjeras se han apropiado de una parte —difícil de precisar— de la riqueza genética, sin que se haya participado a las fuentes de todo ese conocimiento. El mencionado convenio es un acuerdo mundial que pretende alcanzar dos objetivos: a) conservar y usar de manera sostenible a las especies, los genes y los ecosistemas, b) lograr a escala mundial, una participación justa y equitativa en los beneficios que se deriven de la utilización de los recursos genéticos. Aunque al principio (1992) el convenio generó la idea muy marcada de que perseguía la protección de las especies y ecosistemas, con el paso de tiempo, los hechos demostraron que constituye una de las propuestas fundamentales para concretar el desarrollo sostenible en el mundo. Incluye aspectos muy importantes para nuestros pueblos relacionados a temas clave como el derecho soberano sobre los recursos genéticos, el acceso a las tecnologías pertinentes para la conservación y uso sostenible de esos recursos, y el acceso a los resultados y beneficios de las biotecnologías basadas en recursos genéticos aportados por nuestros países.
Pero, como dice el refrán "del dicho al hecho hay un gran trecho". Es por eso que todos estos aspectos son asuntos de permanente discusión y negociación. En dos semanas se realizará la Octava reunión de la Conferencia de los países Parte del convenio (COP 8) en Curitiba. En ella se intentará avanzar significativamente en la elaboración de un texto sobre los elementos básicos de un régimen internacional sobre acceso y distribución de beneficios.
De cara a la crucial COP 8, consideramos particularmente interesante la posición fijada por la Unión Mundial para la Naturaleza (UICN), con respecto al tema. Afirma que para que los marcos de acceso y distribución de beneficios del Convenio sean claros y eficaces deben tomarse en cuenta ocho consideraciones: 1) Asegurar la conservación y utilización sostenible de la biodiversidad. 2) Otorgar certeza legal. 3) Regular el acceso a los recursos genéticos, su utilización sostenible, y los arreglos para la distribución de beneficios. 4) Fortalecer los programas domésticos de biotecnología e investigación. 5) Proteger y fortalecer los sistemas de conocimientos tradicionales. 6) Mantener y revitalizar los conocimientos tradicionales y la diversidad cultural. 7) Incluir y potenciar a las comunidades locales y a las mujeres por medio del consentimiento informado previo y participación en la negociación de los marcos nacionales y el régimen internacional de acceso y distribución de beneficios. 8) Contribuir con los Objetivos de Desarrollo del Milenio, especialmente en las áreas de pobreza, seguridad alimentaria y salud. La principal dificultad para lograr acuerdos justos y equitativos es que están en juego intereses económicos muy grandes y, ante ello, nadie quiere ceder posiciones.
No extraña en absoluto que cada vez estén más involucrados organismos internacionales como la Organización Mundial para la Propiedad Intelectual (OMPI), la Organización Mundial del Comercio (OMC) y la FAO. Esperemos que la COP 8 sea un éxito.