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Eso acá no va a pasar

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Probablemente solo los viejos tengamos memoria personal, aunque quizás los jóvenes hayan oído hablar que allá por el 1972 el Uruguay estaba des- barrancándose en un abismo de violencia y descrédito institucional que auguraba un final trágico, y sin embargo, con eso delante de los ojos, la mayoría de los uruguayos no pensábamos, no creíamos, que fuera a darse un golpe de Estado, un cierre del Parlamento y una dictadura militar.

Todos pensábamos: eso acá no va a pasar. Y pasó.

Algo parecido está sucediendo hoy referido a la amenaza de un desborde del narcotráfico.

Este asunto -el narcotráfico- que está afectando seriamente a varios países de nuestro continente, debería subir a los primeros planos del discurso de los precandidatos y figurar en los programas de gobierno de todos los partidos. Sería saludable señal que ha tenido lugar una toma de concien- cia colectiva respecto de un cambio bastante serio que ha ocurrido en la realidad que hoy envuelve a nuestro país.

Subsiste -me parece- un error extendido en la opinión pública y aun en los ambientes de las direcciones partidarias en el sentido de considerar que la droga sea efectivamente un grave problema pero referido a la salud de las personas y a las consecuencias personales-conductuales de los adictos y sus familias. Error.

La amenaza de la droga es, principalmente, una amenaza de corrupción que amenaza otra salud: la salud institucional del sistema judicial, la salud institucional de la aduana y la de la policía, por citar solo algunos casos No nos equivoquemos.

Es allí donde hay que atender los peligros y las amenazas. La opinión pública, a través de su contacto con el tratamiento mediático que habitualmente se hace de este tema en particular, cree que es un asunto que atañe y tiene lugar en los barrios periféricos de la ciudad, lejos de donde viven los que leen los diarios y ven los informativos, un mundo un poco desagradable y donde ellos nunca han puesto los pies. Error.

No es allí donde se encuentra el epicentro del sismo y donde se incuba el veneno. Es en las instituciones donde ataca, no la droga sino el dinero de la droga.

Dado que la lucha contra el narcotráfico es -debe ser- un compromiso nacional, así debería ser enfocado, y no como un tema partidario. Pero eso no quiere decir caer en la consabida uruguayez de convocar a un gran diálogo nacional donde interviene todo el mundo y no se resuelve nada. El partido que gane las elecciones habrá de dirigir la tarea y los otros partidos colaborarán.

Es menester habilitar sin remilgos los allanamientos nocturnos (como sucede en todas partes del mundo). Pero hay que establecer de entrada y convencerse de que esto no es un asunto de clausurar bocas de venta de pasta base en el Marconi.

Lo esencial de este combate no es tanto tarea para la policía de choque sino para los servicios de inteligencia policial. Lo principal de este combate está en la información.

Al llegar al final de esta lectura quizás algún lector se sienta tentado a decir ¿para qué se metió Posadas con esto, que no es su tema, del cual no sabe nada? Además, eso acá no va a pasar.

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