El apego a la Constitución es lo que define un Estado de Derecho. En 200 naciones se podría afirmar sin temor a equivocarnos que solo un 10% de ellas el texto constitucional y la realidad de respeto al mismo guardan una estricta consonancia. El 90% restante las podemos registrar desde una gama de democracias imperfectas, pasando por democracias disfrazadas hasta los más crueles totalitarismos.
La República Bolivariana de Venezuela desde 1999 tiene una Carta Magna que a la hora de analizar desde el exterior los acontecimientos políticos internos debería ser parte de nuestro análisis. Solemos opinar sobre lo extranjero desde nuestra cómoda platea de la penillanura suavemente ondulada y nuestro 12° lugar en el ranking de Democracias plenas.
El art. 5° de la CRBV reza: La soberanía reside intransferiblemente en el pueblo, quien la ejerce directamente en la forma prevista en esta Constitución y en la ley, e indirectamente, mediante el sufragio, por los órganos que ejercen el Poder Público.” Este maravilloso texto rige desde hace 26 años y ha sido vulgarmente pisoteado por tiranos narcodictadores. El art. 5 habla de soberanía que reside en un pueblo que ha sido burlado una y otra vez con elecciones fraudulentas.
Es Letra Muerta desde hace ya mucho tiempo. 8 millones de personas han tenido que emigrar escapando del régimen tirano. Por tanto, cuando el gobierno uruguayo se suma a una declaración conjunta de países con falsa moral apelando al Derecho Internacional y al concepto de Soberanía lo 1° que debería haber analizado es el grado asqueante de violación del gobierno de Maduro a la propia Constitución de su país. Y si de normas internacionales de no intervención hablamos ninguno de esos países firmantes debió haber soslayado la presencia de milicias cubanas respaldando la custodia de un dictador. Eso es injerencia extranjera.
El gobierno uruguayo perdió una hermosa oportunidad de mantenerse por fuera de ententes peligrosas en tiempos convulsivos de reacomodo geopolítico. Le alcanzaba con una declaración de preocupación por una transición democrática sana en la hermana república y poco más hasta “verle las patas a la sota”. Pero No. Hizo una de más.
¿Cuáles es el deber del resto de los uruguayos que no nos sentimos representados por nuestro gobierno?
¿Festejar una operación militar de EE.UU. de extracción y juzgamiento de un tirano? No. Pero no puedo ser hipócrita con el lector. ¿Cómo no celebrar con júbilo la alegría de tantos hermanos sudamericanos que salen a festejar por las calles de todo el mundo porque se les ha abierto una ventana de esperanza?
¿Cómo no apoyarles cuando ven que alguien aplica algo de justicia con el responsable máximo de torturas, represión, desapariciones y carestía en un país bañado de “oro negro”?
¿Trump invade por petróleo? Si. No lo quiero a Donald para yerno. Por alguna razón de equilibrios hoy los líderes mundiales de la derecha son símbolos de la desmesura. Tal vez porque ya el mundo occidental no soporta mas tanta podredumbre ideológica de un socialismo siglo XXI casado con iraníes, chinos y rusos y se necesite alguien muy radical para equilibrar un mundo desbalanceado que nos amenaza como civilización.