“Es la realidad, estúpido”

La frase original habría sido: “It’s the economy, stupid”, escrita en un letrero, colgado a la vista de todos en la sede de la campaña política que llevó a Bill Clinton a la presidencia y se supone que fue la idea clave de su éxito: poner el foco en lo esencial.

Pues en nuestro país la pérdida de foco va bastante más allá de la economía y afecta a bastante más personas que a los líderes políticos.

Nuestra falta de foco afecta, es cierto, a nuestra visión de la realidad acerca de la economía, pero también de la política y - sobre todo - del mundo que nos rodea y esa falta de foco la padecen no sólo los políticos y gobernantes, sino también muchos otros, como los dirigentes sindicales, el establishment educativo y buena parte de la sociedad en su conjunto.

Los ejemplos de la pérdida de foco en la dirigencia política y gubernamental abundan:

-El esfuerzo del presidente por fortalecer su imagen apareciendo en conferencias de prensa (más bien en roles de Cameo), cuyos contenidos, o no son propios de la presidencia (caso Cardama), o no son cabalmente conocidos y entendidos por el presidente;

-El esfuerzo del gobierno por querer convencer a la gente acerca de su aplicación a la tarea mediante la elaboración y anuncio de “planes”, por lo general bautizados de únicos o de primeros;

-Las manifestaciones entusiastas del presidente por aparecer en la foto de reuniones progres en otros países…

En cuanto al resto del espectro político: seguir con el modelo “clásico” de la interpelación - al que ya nadie presta atención - con la insistencia en críticas y en contradecir constantemente lo que hace o dice el oficialismo, práctica que ha instalado el hastío en la gente (sin distinción de banderas). Estamos hartos de conventillo, aún si ocasionalmente está justificado.

Pero mucho más graves aún, son los desenfoques de la dirigencia FAPIT, engranados en preconizar medidas maravillosas, como la reducción de la jornada laboral, el preaviso obligatorio para poder despedir y el impuesto del 1%. A lo que ahora suman la desnaturalización de las Afaps (buscando un camino oblicuo para su supresión -denegada en dos plebiscitos) y ajustes en IRAE, IRPF e IPAT (por lo menos). Al tiempo de reclamar cosas inverosímiles, como el invertir más plata en el portland de Ancap. Todo ello cuando los diarios anuncian, un día y otro también, restructuras y cierres de empresas, ya no sólo industriales, sino también en el sector servicios, en el cual nos creíamos competitivos.

El gobierno quiso - supongo que de buena fe - convencer (y convencerse), que no era necesario hacer sacrificios para superar la realidad. Que bastaba con crecer y así armó el presupuesto en clave de Magic Kingdom. Resulta que el crecimiento se cayó como un piano.

Imagínense lo que va a repuntar con el rosario de medidas que reclama el FAPIT.

No hay magias ni misterios: los países crecen si hay inversión y la gente invierte si ve chances de ganar. Así de simple (así de duro, muchas veces)

No sigamos tratando de engrupir (y engrupirnos) con lo de cómo encandilamos con aquello de la estabilidad jurídica y similares yerbas: hay otros países que son estables y no inmóviles.

El Ministro de Economía dice que el FA no fue electo para hacer reformas, ni - menos - para reducir el peso del Estado. Es cierto. Es, además, lo que revela la falta de foco de buena parte de nuestra sociedad (que incluso llevó a que el Partido Nacional perdiera la elección por confundir foco en la realidad con mimetización).

Ahora, que la gente, mayoritariamente, no votara por cambios profundos, no quiere decir que la realidad no los esté exigiendo. Y si la realidad lo exige, no dejará de hacerlo por el hecho de que el gobierno siga la corriente de sus votantes.

Somos un país caro, con baja productividad y bajo nivel de inversión. Confunde el señor Ministro deseo con realidad cuando afirma que ése es nuestro destino, al ser, a la vez, un país pequeño y pretensioso que se resiste a adaptarse a la realidad. Será lo que nos gustaría, pero no lo que terminará ocurriendo.

No percibimos que la realidad nos va apretando, lenta pero persistentemente, con algunos respiros cuando el viento de los commodities sopla favorablemente. Creo que fue Javier Haedo quien describió al Uruguay como un velero sin motor. Pues, los únicos que navegan sólo a vela son los muy ricos o los muy pobres. ¿A cuál nos asimilamos?

Estamos fuera de foco.

Los Reyes Magos, al igual que Maracaná, existieron. Pero ya no existen más.

Es la realidad, compatriota.

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