Entre el Poder y la Unión

FRANCISCO FAIG

Mayoría frentista en el Parlamento por mínimo margen y elección presidencial a balotaje de competencia reñida: ese es el panorama político que dejó la elección del 25 de octubre.

Las señales que en estos días envían todos los actores políticos relevantes son similares: el Uruguay precisa llegar a acuerdos nacionales. Vázquez, prefiere un gabinete que refleje mayorías y minorías. Blancos y colorados, de ganar Lacalle la presidencia, dan por bueno ese escenario. Mujica, ha dicho que está abierto a esa posibilidad.

Sin embargo, Mujica es el único que tiene manos libres. Si no alcanza un acuerdo con blancos y colorados puede gobernar con "su barra", respaldado en su mayoría parlamentaria exigua. De ganar la presidencia, el Frente Amplio concentraría así todo el poder político nacional.

¿Y cuál es la nueva estructura política de la izquierda? El MPP de Mujica, el Partido Comunista y la CAP-L de Fernández Huidobro representan la mitad de los senadores y al menos 28 diputados. Los radicales del Frente Amplio, acostumbrados a ningunear al astorismo, tienen así una amplia mayoría de la izquierda.

Si Mujica gana la presidencia habrá concentración de poder en manos radicales. Y con los resultados del pasado 25, no precisará de apoyos extra izquierda para gobernar. Quien representa el 48% de los uruguayos, en este esquema, no necesita acordar con el restante y mayoritario 52%.

Ante esta situación fijada por el soberano, la única forma de asegurarse que el país transite caminos de entendimiento que representen a todos los uruguayos, y no sólo a la mitad de ellos, es que la jefatura del Ejecutivo sea de un signo político distinto de la mayoría del Parlamento.

La opinión pública viene reclamando acuerdos nacionales que destraben el empate político de grandes bloques que vive el país desde 1999.

Lacalle electo presidente deberá acordar con el Frente Amplio, necesariamente, para aprobar leyes. El país se asegura, por ejemplo, la aprobación de rápidas decisiones: renovación de la Corte Electoral, Tribunal de Cuentas, venias para directores de entes, entre otras. Podrá llegar incluso a conformar, en función de ese apoyo, un gabinete de unión nacional.

No faltan ejemplos de experiencias exitosas en este sentido. El primer gobierno alemán de la demócrata cristiana (CDU-CSU) Angela Merkel (2005-2009) fue de gran coalición con los socialdemócratas (SPD), lo que le permitió contar con el apoyo de 448 diputados sobre un total de 598. CDU-CSU y SPD, grandes partidos rivales, compartieron el poder y se aseguraron responsabilidades ministeriales en un gobierno ampliamente representativo de la opinión alemana.

Acuerdo nacional y reparto del poder es ineludible con Lacalle presidente. Sólo una posibilidad, si gana Mujica.

Lo que vamos a estar definiendo en el balotaje no es solamente qué presidente queremos. Es también y sobre todo, qué ecuación de poder político dejamos en el gobierno. Un país de equilibrios, o un país que concentre el poder en las manos de la izquierda más radical.

Es una decisión de graves consecuencias y por cinco años. Merece ser fríamente evaluada, sobre todo por los frenteamplistas moderados que votaron a la izquierda el 25 de octubre.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar