RICARDO REILLY SALAVERRI
Cerramos pronto el 2011. El año del Bicentenario ¿De qué cosa? En los tiempos que vivimos no hay que detenerse demasiado sobre detalles ¿Tá?
En todo caso resulta claro que con contadas excepciones de compatriotas que hurgan en el génesis nacional los uruguayos no tenemos ni idea aproximada de los 200 años de que terminamos festejando con ruido fuerte, cerveza, tamboriles, multitudes, y humanos voladores, en Montevideo, entre los que no faltó una inspirada y valiente payadora -quizás lo más auténticamente oriental que se vio- que supo ser parte del impresionante tránsito aéreo que vimos.
De los prehistóricos discursos inaugurales y augurales del Conrad que anunciaban estabilidad económica y reencuentro nacional, en este año hemos ido consolidando un espacio de inestabilidad y timba fiscal -todos los días se cambian y suben impuestos inesperadamente- y de consolidación de la venganza de los hechos ocurridos en un proceso de confrontación entre terroristas y fuerzas armadas, iniciado casi 50 años atrás. Notoriamente, dos pronunciamientos populares plebiscitarios sobre "la caducidad" han ido a parar al inodoro.
La Historia hoy en las cabezas abiertas es el futuro. Acá se discute si hay que liquidar a las empresas rurales más eficientes, que impulsan al progreso de nuestra agricultura y carnes, castigando su medio de producción principal: la tierra.
Al tiempo, en que mentes y jóvenes brillantes, curiosamente asentados en "el imperio", los Estados Unidos de América, en el espacio de un cuarto de apartamento o de un garage de casa, han revolucionado las comunicaciones, con las innovaciones que permite la electrónica y desde ese modesto territorio han construido empresas que al cabo de un año venden cuatro veces el producto bruto anual del Uruguay.
Con dos de esos jóvenes en unos pocos años, y no más de algunas centenas de metros cuadrados, nuestro pueblo arrasaría con el mejor nivel de vida europeo. Lo mejor es sumar progreso agropecuario, asentado pacíficamente en la tierra, con enriquecimiento del recurso humano y diversificación de actividades económicas.
En todo se precisa educación. Si miramos a la pública, solo cabe llorar.
Las inestabilidades se agravaron -además- porque un grupo de talibanes ideológicos instalados en la Opepe (la vieja oficina de Planeamiento y Presupuesto), está mandatada por el grupo político del Presidente -MPP- y el partido comunista, a construir "la liberación nacional y el socialismo" (esta es la confusión a que aludíamos, ya que si tenemos todavía que liberarnos ¿del Bicentenario de "qué corno" hablamos?). Así, el 2011 ha instalado una competencia entre la tatucera y el "equipo económico neoliberal" de gobierno, que ha pasado a quedar como pintado.
Por otra parte, venimos cediendo espacios de soberanía financiera del país a los grandes centros de poder económico internacional. Injustificadamente.
Ahora parece seremos una agencia inspectiva de las autoridades impositivas argentinas, soplando información y levantando el anonimato de las sociedades anónimas. Para espantar cualquier inversión de vecinos y no vecinos, en la república.
¿2012? ¡Feliz nuevo enigma rúbico!