Engaño corriente

Juan Martín Posadas

Entre estar engañado y estar informado más vale lo segundo. La verdad es más consistente que la ilusión; a veces no es tan agradable, pero siempre es más consistente. En nuestro país se ha dado por buena y suficientemente probada la idea de que nuestras relaciones diplomáticas con la Argentina se han normalizado y actualmente son excelentes. Esto no es así. Las relaciones entre el gobierno argentino y el Uruguay siguen siendo malas. Malas para el Uruguay.

El restablecimiento del tráfico en el puente de Fray Bentos -disposición que no puede tomarse como gesto de buena voluntad pues era una obligación derivada del tratado de Mercosur y de la propia Constitución argentina- no restableció nada más que eso: el tráfico vehicular. Las relaciones siguen mal: bastará un somero punteo para demostrarlo.

Uruguay no ha podido importar energía eléctrica que Paraguay está dispuesto a venderle porque la Argentina pone un precio abusivo al paso por su territorio. La actividad de los barcos de cabotaje provenientes de puertos del sur argentino con destino a Montevideo para reembarque de mercaderías hacia ultramar ha sido prohibida por las autoridades argentinas. Las naves de bandera de terceros países que pescan en el Atlántico Sur y vienen a descargar y repostar al puerto de Montevideo son acosadas y desviadas por buques de la marina de guerra argentina. Estos son algunos de los perjuicios directamente infligidos por decisiones del gobierno argentino.

Pero hay otros daños, indirectos pero igualmente graves. Nuestro país se está privando a sí mismo de una serie de logros y beneficios a los que tiene derecho para no irritar al gobierno argentino. A nadie tiene que pedir permiso nuestro gobierno para autorizar a dos empresas privadas que han propuesto construir a su costo sendos puertos en Nueva Palmira, uno para cargas de granel y otro para cargas líquidas. Sin embargo nuestro gobierno remolonea y no autoriza por no perturbar las relaciones con Argentina. Tampoco se anima a autorizar a la pastera de Fray Bentos a que aumente su producción, tal como lo ha solicitado y tiene capacidad para hacer, siempre por el temor a que el gobierno argentino se enoje.

La lista podría extenderse pero lo expuesto basta. No se trata, por supuesto, de promover campañas de odio contra los argentinos ni de organizarse para la guerra. Se trata de no engañarnos a nosotros mismos y que este gobierno cese en su empeño didáctico de hacernos creer en logros diplomáticos inexistentes y victorias de fantasía. Los uruguayos no nos vamos a amilanar por las dificultades y cualquiera que sepa algo de historia patria sabe que las relaciones con nuestros países hermanos han sido como todas las relaciones entre hermanos: una combinación de abrazos y peleas.

Las cancillerías de los países pequeños deben ser sumamente profesionales y deben ser esas cancillerías profesionales las que tejan a lo largo de los años las relaciones diplomáticas. Es de una ingenuidad infantil creer que eso se suple con chacoteos o celebraciones ridículas por un ferrocarril que una vez por semana va y viene vacío a través de la frontera. Entre estar engañado y estar informado vale más lo segundo.

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