JUAN ORIBE STEMMER
Según María Moliner, "escéptico" es "la persona que duda sobre cierta cosa que se expresa o que no tiene fe en ciertas ideas o creencias". El "incrédulo", en cambio es quien "por tendencia natural o en cierta ocasión, no cree en lo que otros dicen". Mientras que el incrédulo permanece estático en su actitud, el escéptico duda pero, una vez superados sus reparos y cavilaciones, puede llegar a aceptar una afirmación o conocimiento como cierto.
El conocimiento científico se funda en una actitud de escepticismo. Cada hipótesis que debe ser sometida a una exigente metodología, que incluye la evaluación sistemática de sus pares. Todo ello le impone al científico obligaciones muy severas, incluyendo la de divulgar sus métodos y los datos utilizados para llegar a sus conclusiones.
La publicación es una parte fundamental del trabajo científico. Al mismo tiempo la naturaleza de los temas, la complejidad de la metodología y el lenguaje especializado de cada ciencia, dificultan la comunicación entre la torre de marfil donde se encaraman y se sienten cómodos los científicos, con la sociedad toda. Y este es un problema muy importante cuando el ser humano ha desarrollado la capacidad de activar procesos físicos o químicos, en una escala global y que afectan los elementos básicos del entorno de nuestra especie.
Existen casos, sin embargo, donde el sistema "conocimiento científico-sociedad civil-gobierno" ha funcionado con notable eficacia.
Quizás el más notable sea el de la estrategia global acordada para contener el deterioro del agujero de la capa de ozono como resultado de las emisiones de gases de CFC livianos fabricados en gran escala después de la Segunda Guerra Mundial. A principios de la década de 1980 se obtuvo la primera evidencia científica del daño que esas sustancias causaban a la atmósfera de nuestro planeta, inicialmente en la estratósfera sobre la Antártida.
En 1985 fue firmada en Viena una convención para la protección de la capa de ozono, que fue complementada en 1987 por el Protocolo de Montreal. En la actualidad se han dejado de utilizar el 95 por ciento de las sustancias químicas perjudiciales enumeradas en el acuerdo y se espera que la capa de ozono pueda recuperarse para el período 2050 - 2075.
Ese ejemplo exitoso, contrasta con lo que está sucediendo con los estudios acerca del efecto invernadero. Ello, a pesar de que el caso del agujero de la capa de ozono demuestra que el ser humano puede dañar elementos que son claves en la delicada envoltura que es la atmósfera.
Es cierto que episodios recientes (incluyendo lo sucedido en la Universidad de East Anglia, en el Reino Unido, y algunos serios errores en un informe del Panel para el Cambio Climático) pueden justificar un saludable escepticismo. Aunque a este respecto debe destacarse que tanto los informes sobre los acontecimientos en la universidad británica como sobre el funcionamiento del Panel coinciden que las conclusiones básicas de sus estudios son válidas y que el cambio climático es una realidad.
"Se espera que la capa de ozono pueda recuperarse para el período 2050-2075".