En la buena dirección

El proyecto de competitividad y reducción del costo de vida que presentó el MEF va en la dirección correcta, y eso, en el actual contexto, no es poca cosa. No conocemos todavía el articulado, que asumimos ingresará al Parlamento en los próximos días, así que cualquier juicio definitivo es prematuro. Pero lo conocido hasta ahora parece muy bien orientado. Bajar barreras a la competencia, desempapelar trámites, habilitar importadores múltiples, ampliar plazos de registros, fortalecer la defensa de la competencia: es la agenda microeconómica que Uruguay tiene pendiente. Que el impulso venga del propio Ministerio de Economía es una buena noticia que no corresponde sino celebrar.

Sin dudas es un tema que viene madurando en Uruguay. El propio ministro lo investigó en su vida anterior de consultor privado, y aparecía muy claro que en muchos productos Uruguay presenta niveles de precios muy altos en cualquier comparación. Cuando uno se pone a indagar mercado por mercado, vemos que son muchísimas las barreras no arancelarias que permiten que algunos actores marquen precios muy por encima de lo que ocurre en otros países.

Hecho el elogio, que es genuino, vale anotar algunas dudas que el debate parlamentario debería despejar. La primera es de instrumento. Buena parte de lo que se anuncia podría hacerse por decreto, sin necesidad de ley. Y si es así, convertirlo en proyecto legislativo no es gratis: abre meses de trámite y, sobre todo, ofrece una ventana inmejorable para el lobby de cada sector afectado, que tendrá tiempo y espacio para limar el alcance de lo que hoy le incomoda. Cuando se quiere desarmar barreras que restringen la competencia, la velocidad es una virtud y la deliberación prolongada puede ser una trampa. Convendría que el Ejecutivo avanzara por decreto en todo lo que pueda, y reservara la ley para lo que estrictamente la requiere.

Segundo, no podemos dejar de notar lo que falta. En materia de alimentos, por ejemplo pollo, frutas y verduras, también hay grandes problemas de precios. Productos sensibles que golpean la capacidad de consumo de los más vulnerables. Nada de esto parece estar en el proyecto.

Por último aparece un problema de consistencia. Al mismo tiempo que Oddone defendía esta agenda procompetitiva, el PIT-CNT anunciaba un paro pidiendo más impuestos, la ministra Cardona hacía una apología de comprar caro para sostener ineficiencias y el ministro Castillo insistía en limitar los despidos. No hay que ser muy avispado para notar la inconsistencia. Lo que se ve es un gobierno tironeado entre agendas francamente divergentes, con un sesgo marcado hacia la compensación y el empate entre actores que quieren cosas opuestas.

Y es justamente ese el marco que vuelve más valioso este impulso. En un gobierno de agenda muy austera, del cual creo que nadie espera grandes reformas, la señal que manda el MEF es un bálsamo y hay que apoyarlo sin dudar. Esperemos que los legisladores del gobierno y de la oposición dejen cualquier mezquindad de lado y apoyen el impulso. El antecedente de rechazo a la eliminación de la obligatoriedad de los despachantes de aduana no es bueno al respecto. Ojalá el articulado esté a la altura del anuncio.

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