Elogio ambiguo del voto en blanco

“A veces uno sabe de qué lado estar, simplemente viendo quienes están del otro lado”, escribió Leonard Cohen. Pero la lucidez del escritor y cantante canadiense no alcanza para la multitud de argentinos que no saben de qué lado estar porque están viendo quienes están en los dos lados.

Nunca un balotaje ha sido sentido por un porcentaje tan alto de argentinos como una pesadilla electoral. Una disyuntiva deplorable en la que el voto en blanco se presenta como opción válida.

Los que están tentados con usar esa salida de emergencia reciben presiones de un lado y del otro. Les dicen que si votan en blanco estarán favoreciendo a tal o cual.

En rigor, Sergio Massa y Javier Milei ganarán o perderán por los sufragios que obtengan y no por los votos en blanco. Serán los sufragios que consiguieron entre los pocos que los valoran positivamente y los muchos que los consideran el mal menor, los que definirán esta elección. Y ante la alternativa que tantos sienten como una imposición insoportable, lo que mejor refleja ese sentimiento es el voto en blanco.

Eso sí, quienes voten en blanco deben saber que los votantes convencidos del candidato que pierda los acusarán de haber posibilitado el próximo pésimo gobierno. Sucede que, dado los rasgos principales de los contendientes y las camarillas que los rodean, lo más probable es que el próximo gobierno sea pésimo. La pregunta es cuál de esos posibles malos gobiernos entraña peligros más graves.

Por cierto, una masa de jóvenes votará convencida a Milei porque, antes de que Macri lo convirtiera en su caballo de Troya, vociferaba con los ojos desorbitados y disparaba insultos a mansalva. No han leído a Hayek ni a Rothbard. Nada saben de la Escuela Austriaca ni se han puesto a pensar lo que implica la venta de órganos y de niños.

La mayoría de los votantes juveniles de Milei probablemente no atiendan sus caóticas lucubraciones económicas, ni sepan de los crímenes de la dictadura que reivindica. Pero asusta a sus padres y abuelos y propone patear el tablero. Con eso alcanza y sobra para votarlo.

También hay ultraconservadores que Milei sacó del closet, así como Bolsonaro sacó fascistas, racistas y homofóbicos que por fin se veían reflejados en un político.

Finalmente, hay sectores que, sin ser ultraconservadores, aborrecen al kirchnerismo lo suficiente como para votar contra cualquiera que marche hacia la Casa Rosada con kirchneristas en el baúl.

Pero no son pocos los anti-kirchneristas cuyas convicciones demo-liberales les impiden votar a un personaje que irradia violencia política y está rodeado de reaccionarios que dicen cosas desopilantes y oscuras.

Esa franja, unida a los tantos peronistas que a Massa no le creen ni cuando tose, se debate entre votar en blanco o votar al ministro, aún considerándolo un inescrupuloso bribón.

Lo consideran un advenedizo que fuma bajo el agua y le puede vender peines a los calvos. Si finalmente lo votan, será para evitar que se convierta en presidente un extremista que niega el cambio climático, admira al Nerón de la Amazonia (Bolsonaro), exuda violencia y abraza teorías económicas extremas, que sobrepasan la economía de mercado porque proponen “la sociedad de mercado”.

Sin quererlo ni creerle, los kirchneristas votarán también a Sergio Massa. No tienen más alternativa que votarlo porque la líder que veneran tampoco tiene más alternativa que apoyarlo implícitamente, aunque es posible que desee el triunfo de Milei porque le será más fácil ser opositora del ultraconservador que oficialista de Massa.

En la oposición a Milei, el kirchnerismo resurgiría de sus cenizas; mientras que, en el oficialismo, pasará del segundo al tercer plano y se disolverá en la intrascendencia.

Milei y su entorno irradian lo que Goethe llamó “impulsos oscuros de la historia”. Eso alerta a mucha gente que puede entrever el magma inquietante que bulle en su visión de la sociedad y las personas.

A los liberal-demócratas de centroderecha y centroizquierda hasta les duele que la palabra “libertad” tenga tanto protagonismo en un espacio bizarro. Les resulta desolador que valores imprescindibles como los del pensamiento liberal sean supuestamente defendidos por derechistas recalcitrantes.

Por eso sienten esta elección como una pesadilla. La Argentina liberal-demócrata, minoritaria pero existente, siempre acosada por los populismos, tiene en claro que salir de un sectarismo para entrar en otro, no es conquistar la libertad sino continuar en el sectarismo.

Massa es el autor de la competitividad de Milei. Lo ayudó a tomar impulso para dividir el voto de Juntos por el Cambio. Y lo consiguió, logrando que millones de argentinos queden obligados a votarlo, porque la alternativa sería peor.

Para esos argentinos de centroderecha y centroizquierda que abrazan la cultura política liberal contra los ideologismos autoritarios, el voto en blanco es una alternativa. Pero desde los valores del centrismo, la otra opción al voto en blanco no puede ser Javier Milei.

Teóricamente, quienes se sienten atrapados en una pesadilla electoral saben que Milei no es opción. El candidato ultraconservador cruzó todas las líneas rojas en lo referido a humanismo, responsabilidad ambiental, pluralismo, Estado de Derecho, tolerancia a las diversidades y respeto por el otro.

Aún siendo un bribón que zigzaguea con descarado oportunismo, expresa el lado turbio de la política y pilotea una gestión económica calamitosa, Sergio Massa es la opción al voto en blanco de quienes no quieren dinamitar el puente cuando lo están cruzando.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar