GUSTAVO PENADÉS
Uno de los temas principales del verano -si no el único- es el seguimiento de la temporada turística. Los medios ante la ausencia de otras noticias (este año bien podría ser una excepción) y por la importancia económica del asunto siguen a diario la temporada. ¿Llegan los turistas? ¿Son brasileños o argentinos?, ¿cuántos argentinos dejan de venir por el cambio o los puentes cortados?, ¿cómo será la temporada?, etc. etc.
Curiosamente, la actitud -en términos generales- de los directos interesados en el turismo, desde las autoridades públicas a los privados, es de pasividad. Siendo muchísimos los uruguayos que de una u otra forma reciben el impacto positivo o negativo de la temporada turística, la actitud que en términos generales predomina es que "se dé" una buena temporada: que el tipo de cambio ayude; que los argentinos no tengan opciones más favorables... en suma, el éxito o fracaso de la temporada estival queda supeditada a la voluntad de los dioses.
Una vez más advertimos que políticas públicas siguen siendo insuficientes para posicionar a Uruguay como destino turístico, regional e internacional. No es cuestión de cargar las tintas sobre el Ministerio de Turismo; de las intendencias o de los operadores privados de tal o cual destino turístico; ya que la ausencia de aquellas es una constante desde hace muchísimos años.
Uruguay necesita una verdadera política de Estado en materia turística. Veamos un par de ejemplos bien frescos. Hace pocos meses una revista especializada hace mención a la "Botnia del Este" aludiendo a que la inversión en ejecución en Punta del Este es de magnitud similar a la de la empresa finlandesa. Pero bien: ¿se ha previsto el impacto que significará para la infraestructura del balneario el número de personas que habiten los miles de metros cuadrados de nuevas construcciones? ¿Se culminarán a tiempo las obras de saneamiento? Y, ¿la seguridad? ¿Es aceptable que Uruguay sea noticia en el extranjero por los percances de los visitantes?
En esta breve referencia a la importancia de las políticas públicas en la materia vayamos al tema de la educación: ¿es aceptable que servicios que cobran tarifas de primer mundo no cuenten con personal que hable inglés? ¿Ha cobrado conciencia el Codicen que el dominio del inglés y de otros idiomas es para muchos jóvenes la diferencia entre trabajar o no trabajar; o, entre una retribución buena y otra mediocre?
En otro orden de cosas debería ser objeto de preocupación la ausencia de un organismo que acredite la calidad de lo que se le ofrece al turista, quien es lógicamente desbordado por las múltiples ofertas de bienes y servicios
A lo anterior podríamos agregar otras consideraciones que hacen a la imprescindible seguridad que se debe asegurar al turista; no únicamente en aquellos lugares destinados a los de mayor poder adquisitivo, sino en todo el país.
En definitiva, el turismo en Uruguay, a pesar de todos los pesares, impacta en nuestra economía en unos 400 millones de dólares y da trabajo, directa o indirectamente, a miles de personas. ¿Es imposible pensar en duplicar o triplicar esa cifra y crear varios miles de puestos de trabajo mas?
Alcanzar esos objetivos implica claridad en los objetivos, compromiso y liderazgo de los actores públicos y privados; talante que a la fecha no aparece, por lo menos de manifiesto. Otros estados han logrado resultados espectaculares en la materia.