El programa de gobierno del sector Uruguay para Adelante liderado por Álvaro Delgado le está proponiendo al país una agenda ambiciosa para los próximos cinco años. La agenda es muy amplia, pero creo que podemos resumirla en dos grandes áreas que muchas veces se presentan como contradictorias cuando en realidad son complementarias: la agenda de la competitividad y la agenda del bienestar.
En general cuando pensamos en un país desarrollado pensamos en un lugar donde la gente vive mejor, y es correcto. Pero se nos escapa que además de tener mayor bienestar la gente es mucho más productiva en esos países y como es más productiva es que puede vivir mejor. Un salto de competitividad nos permitirá tener más recursos para la primera infancia, la educación y la innovación. Pero además, personas más formadas y saludables serán sin dudas más productivas. Por lo tanto, ambas agendas son necesarias para lograr salir de la trampa del ingreso medio en que se encuentra nuestro país.
Uruguay es caro para captar la inversión que va a países más pobres que nosotros. Pero tampoco somos suficientemente productivos y sofisticados para captar la inversión que va a países de alta productividad del primer mundo y que por lo tanto está dispuesta a pagar salarios e impuestos más altos.
No hay ninguna razón para conformarnos con menos que ser un país desarrollado. Uruguay es, probablemente, el único país de la región que hoy puede plantearse seriamente ese horizonte, por sus fortalezas históricas y por lo realizado por el actual gobierno, al menos por dos razones. La primera es que nos mostró que es posible ordenar las cuentas, hacer crecer el empleo y el salario real, realizar un shock de infraestructura y hacer reformas claves pendientes. La segunda es que lo realizado nos pone otro piso. Lo avanzado en cada tema nos permite soñar en grande. Como dice nuestro candidato, en este gobierno se ordenó la casa, se apuntalaron los cimientos y se construyó el primer piso de la casa, en el próximo vamos a construirle el segundo piso.
Ser un país desarrollado en nuestro caso significaría al menos cuatro cosas: tener un PBI 30% mayor al actual, reducir a la cuarta parte la pobreza infantil, acercarnos a la universalización de la educación secundaria y reducir a la mitad los homicidios. Claro que se trata de un objetivo para varios lustros, no para un solo gobierno. Se trata de tener la claridad de ideas y la valentía política para poner en marcha, defender y sostener esta agenda.
Este primer gobierno nos muestra que estamos para más. Que la defensa de la libertad responsable, el cuidado de los fondos públicos y el valor de hacer lo que hay que hacer rinde frutos. Pero cuidado, también nos puede pasar lo contrario. Chile es un ejemplo de lo rápido que se puede complicar todo y entrar en una espiral de demandas insatisfechas y estancamiento económico que conduce del optimismo a la frustración. El plebiscito que está golpeando la puerta impulsado por el Pit-Cnt, sin ir más lejos, es un camino cortísimo al kirchnerismo económico.
En los próximos cinco Uruguay necesitará más reformas, más claridad de ideas y más coraje para llevarlas adelante. El programa que presentamos es un camino hacia el desarrollo exigente pero posible que vale la pena transitar para lograr el bienestar que todos queremos para los uruguayos.