El rezongo de Mujica

PABLO DA SILVEIRA

Muchos uruguayos aplaudieron el viernes pasado, cuando el Presidente Mujica criticó a los sindicatos de la enseñanza. En su habitual audición radial, y en vísperas de un paro docente de 72 horas, Mujica habló de "una actitud de izquierdismo infantil" que hay "en algunas cabezas". Luego, refiriéndose a los motivos aducidos para justificar el paro, sostuvo que "el problema de los locales es absolutamente secundario" y que "la inmensa mayoría de los uruguayos sabe que no debiéramos tomar de rehenes a los muchachos".

La buena acogida a estas palabras revela un nuevo estado de opinión: cada vez más ciudadanos sienten que los sindicatos tienen una responsabilidad directa (aunque no exclusiva) en los males que afectan a la enseñanza. Pero los dichos del Presidente están muy lejos de merecer aplauso. Lo que muestran más bien es que, si bien es posible que Mujica deba ser parte de la solución, no hay duda de que es parte del problema. Para percibir el punto no hace falta mirar hacia atrás. Es cierto que Mujica alentó durante años la misma clase de opiniones y actitudes que ahora le molestan, pero basta asumir que todo el mundo tiene derecho a cambiar para olvidar el tema. Lo preocupante no es lo que Mujica pensaba en el pasado (aunque sea un pasado muy reciente) sino lo que sigue pensando ahora.

Sus declaraciones muestran, en primer lugar, que está minimizando las dificultades. No es verdad que sólo haya problemas en unos pocos locales educativos. En siete locales hay horrores tales que nadie sensato aceptaría funcionar allí, pero las escuelas y liceos que tienen fallas edilicias incongruentes con el actual nivel de gasto educativo se cuentan por decenas. Y luego está todo lo que no se construyó durante las últimas dos administraciones, pese a la acumulación de declaraciones de apoyo a políticas que exigen nueva infraestructura (como la generalización de escuelas de tiempo completo). El ritmo de construcción no se aceleró, sino que se redujo, a partir del momento en que asumió Tabaré Vázquez.

En segundo lugar, el Presidente tiene un diagnóstico errado sobre el origen de los problemas. "Hay algunas cabecitas muy atolondradas -dijo- que por apuro creen que se puede llevar todo por delante. Y este es el lío de fondo que tenemos en la enseñanza". Perdón, señor Presidente, pero ese no es el lío de fondo. Si se tiene un buen diseño institucional, normas sanas y jerarcas bien elegidos, las cabecitas atolondradas que siempre existen no pueden hacer mucho daño. Si hoy pueden hacerlo es porque hemos creado un contexto que lo permite, incluyendo la horrible la Ley de Educación que usted votó en el Senado.

Pero lo más grave es que Mujica acusó a los sindicatos de estar "haciéndole el juego a la derecha". Aun dejando de lado lo patético de las invocaciones genéricas a una "derecha" o un "neoliberalismo" siempre indefinidos, la pregunta que se impone es: ¿de quién es Presidente José Mujica? ¿De todos los uruguayos o sólo de los de izquierda? Si mañana le proponen una estrategia de gobierno que perjudica a los alumnos pero fortalece a la "izquierda" frente a la "derecha", ¿va a apoyarla por esa razón? ¿O es que cree dogmáticamente que todo lo que sirve a los intereses de la "izquierda" es bueno para la gente? Los gobernantes del antiguo bloque socialista pensaban de este modo, pero resultó que no era cierto.

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