GONZALO AGUIRRE RAMIREZ
Ha plateado la luna el Riachuelo" principian los versos del tango "La cantina", que allá por 1951 grabara Aníbal Troilo con la colaboración vocal de Jorge Casal. Si el autor de esa hermosa letra, Cátulo Castillo, la hubiera escrito años más tarde, -no demasiados-, ciertamente no hubiera utilizado esa imagen de la luna iluminando las aguas de ese curso de agua, pues hubiera sonado absolutamente irreal.
Y, si tal cosa hubiera sucedido, quizás los 3.500.000 bonaerenses que viven en la cuenca del Riachuelo y su afluente el Matanza, habrían reaccionado con asombro y hasta con indignación. ¡Aguas plateadas las del Riachuelo, que hace varias décadas que son una auténtica cloaca! A su vera, hay 140 basurales que ocupan 400 hectáreas y en su corriente negruzca y pestilente se vierten cada día 80.000 metros cúbicos de residuos industriales.
Estos datos los hemos tomado de las informaciones periodísticas relativas a una sentencia inapelable de la Suprema Corte de Justicia argentina, en cuyo mérito ésta ordenó al gobierno del "señor K" que, en un plazo de treinta días, presente un plan para limpiar el Riachuelo, acordado con las autoridades provinciales y municipales de Buenos Aires, cuyas jurisdicciones deslinda el inmundo riacho.
El fallo del máximo órgano judicial del país vecino acogió así una demanda presentada dos años atrás, por pobladores de la zona contaminada, contra el Estado y 44 empresas industriales que vierten sus efluentes en las mismas aguas otrora plateadas que recordaba "Catulín".
Hace cerca de tres años que Kirchner ocupó interinamente la Casa Rosada. ¿Ignoraba, cuando allí llegó muy ayudado por Duhalde - de cuyos favores recibidos jamás podrá decir "creo habérteles pagado"- la feroz agresión que la pestilencia del Riachuelo significa para el medio ambiente de buena parte de la capital de su país? Por supuesto que no, por tratarse de un hecho notorio. Notorio y lamentable. ¿Hizo algo por corregir esa vergonzosa situación? Nada. Absolutamente nada.
Llegó el 2004 y se presentó la demanda de marras. ¿No fue informado, este presidente arrogante y reñido con los buenos modales, que el Estado que él preside había sido emplazado judicialmente en razón de su contumacia en no hacer cumplir las más elementales normas de preservación del medio ambiente? Supónese que sí. ¿Hizo algo para impedir el ineludible fallo condenatorio? Nada, absolutamente nada. Ello no le impidió, según lo sabe el mundo entero, demandar a nuestro país ante la Corte de La Haya -¡nada menos!-, por el presunto riesgo de contaminación de las aguas del río Uruguay por dos fábricas de pasta de celulosa, que recién se están construyendo y cuya erección pretende impedir por vía de medidas cautelares.
Esas "papeleras", como ha dado en llamárselas, aplicarán las más avanzadas normas de protección medioambiental, a regir en la Unión Europea desde el año 2007.
Entre tanto, en la Argentina funcionan, a orillas del Paraná, una docena de obsoletas fábricas de ese carácter, todas ellas altamente contaminantes. ¿Lo ignora el "señor K"? No, no lo ignora, a pesar de lo cual ha querido justificar su agresión a nuestro país y su demanda en La Haya con el único argumento de la defensa de la vida. ¡Qué tupé! Hora es de decir, ante tanto caradurismo:
El rey está desnudo. Lo ha desnudado la Suprema Corte de su propio país.