El pensamiento crítico

La captura del narco, terrorista, violador compulsivo de los DDHH, entrometido en asuntos de otros países, y dictador Nicolás Maduro ha puesto de manifiesto la escasa capacidad de análisis de muchos actores políticos e intelectuales del espectro nacional e internacional.

Hay momentos en la historia de la humanidad, donde confluyen eventos y personajes que a veces rompen los moldes de lo generalmente aceptado.

Hoy diríamos, de lo políticamente correcto. Trump le ha dado la estocada final también a otra dictadura: la de lo políticamente correcto, y en un acto de disrupción sinceró sin anestesia las motivaciones e intereses de la política de la potencia que dirige.

En unas décadas, cuando el mundo trate de recordar los nombres de los presidentes estadounidenses más contundentes, el de Trump integrará sin dudas la cuadrilla junto a Lincoln, Teddy Roosevelt, y Ronald Reagan.

Pido al lector que no caiga en el sencillo recurso de analizar la figura en función de darle like, o no.

Se trata de entender.

Y para hacerlo hay que despojarse de los prejuicios, ya sean filosóficos, políticos, o éticos, y analizar los hechos: a- captura del acusado en territorio venezolano, b- eventual intervención en la política interna de Venezuela. Ni más, ni menos.

¿Cómo encuadra esto a la luz del derecho internacional?

Según los EE.UU., Maduro y su esposa lideran una organización criminal internacional que arriesga su seguridad nacional.

Esta afirmación es fácilmente comprobable, no solo por las vinculaciones del régimen venezolano con los más reputados “rogue states” del globo, sino por comportarse arrogantemente como uno más, y justo en el patio trasero de la potencia.

EE.UU. no invocó -teniéndolo- derecho alguno fundado en la Carta de ONU para justificar su accionar, pero hay que recordar que el Art. 51 de la misma habilita la legitima defensa de un Estado ante un ataque, agresión, o peligro de agresión, con condiciones fundamentalmente basadas en la inmediatez, razonabilidad, y proporcionalidad. A todo esto, EE.UU. agregó además varias advertencias previas, y posibilidades de negociación que fueron ignoradas.

Una posición jurídica más amplia, la cual dio sustento a numerosos episodios históricos, incluida la segunda guerra de Irak, también habilita este tipo de acciones, incluso contra Estados no frontalmente beligerantes, pero que dan cabida o protección a grupos terroristas o de delincuentes.

En los hechos, Venezuela ya estaba intervenida por el “eje del mal” de los rogue states por todos conocidos - Cuba a la cabeza- , y en su territorio además se consolidaban intereses de China y Rusia. Las acciones de los EE.UU. enmarcan en lo que se conoce como guerra preventiva, y en este caso además fueron quirúrgicas y personalísimas. No fue necesario siquiera un ataque armado. Lo ocurrido no puede considerarse una incursión militar, sino un acto táctico.

Podrá gustarnos o no la acción puntual contra Maduro, pero está amparada por el derecho internacional.

Otra cosa es una eventual intervención. Ahí sí hay que analizar el tema de la posible injerencia indebida y la curiosa asociación de Trump con el chavismo.

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